Un testimonio excepcional

Queridos hermanos, con esta primer entrada deseo hacer dos cosas: agradecer a Eduardo su invitación a colaborar con ustedes y además, compartirles el excepcional testimonio de la conversión del Padre John Corapi, un sacerdote norteamericano, quien fue un día un millonario hombre de negocios que cayó en la drogadicción y en el desamparo.

El Padre Corapi, después de estudiar en los Estados Unidos y en la Universidad de Navarra en España, se ordenó sacerdote a los 44 años en 1991.

Es miembro de la Sociedad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, ahora predica en misiones retiros y conferencias por toda Norteamérica. El Padre Corapi aparece regularmente por EWTN y comparte reflexiones en Zenit sobre la Eucaristía y el pontificado de Benedicto XVI.



***
Oración

Amado Padre celestial, que el testimonio del Padre Corapi
sirva para recordarnos el valor inmenso que contiene nuestra Iglesia
por estar fundada en Cristo, tu Hijo Amado,
de cuyas manos brota la gracia que devuelve la salud
y por las que, todavía hoy,
podemos ser testigos presenciales del milagro
del Sacramento de la Reconciliación.
Así sea.

MARIA SIEMPRE MARIA!!!!!

De María siempre hay algo más que decir
Las letanías del Rosario. Son alabanzas, piropos de amor, de ternura a María.
Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Madre admirable
De María nunca se dirá todo. No se puede. Siempre hay algo más que decir de hermoso, de dulce, de grande. Las letanías son un amable intento de decir todas las grandezas de María, pero se quedan cortas.
Admirable por sus privilegios: gentilezas de Dios para su Flor: Inmaculada es su nombre, lo que la distingue y la hace brillar en la noche del mundo. Admirable por su sencillez: Tan grande y tan chica. Con una mano toca a Dios Omnipotente y con otra a sus niños de la tierra. “He aquí la esclava del Señor”. Queremos conocer a la esclava más maravillosa del mundo. Sirve en los atrios del Señor. Nos han contado tantas cosas de su santidad, de su belleza. Dicen que sus manos son las más bellas y que las usa solamente para servir, para hacer el bien… Admirable como el paisaje que se mira y se vuelve a mirar y nunca se quiere dejar de contemplar, porque infunde alegría, ternura, admiración.
Oh Madre admirable, maravillosa…Todos los adjetivos se quedan chicos porque eres demasiado grande, santa y hermosa. Quiero mirarme en tus ojos purísimos, en ese océano de amor y pureza para que, por contagio, algo de Ti se pase a mí: algo de tu pujreza, de tu amor, de tu santidad.
Eres un paisaje que han admirado millones de seres antes que nosotros, y detrás de nosotros seguirán admirándote sin cansarse jamás. ¿¡Qué tienes, criatura celestial, que todos se enamoran de Tú…?


Madre del buen consejo
Gentil Pastora que sabe guiar a la vida eterna y a la vida digna de vivirse. “El Señor es mi Pastor”.También quiero decir : María es mi pastora. Maestra insuperable: Dichosos los alumnos de tu escuela, María. Consejera única, porque le asiste el Espíritu Santo en persona.
Yo necesito tu maravilloso consejo para los mil asuntos que ignoro. Yo tengo los problemas y Tú tienes las soluciones. Guíame a la vida eterna, mi destino final, aquello por lo que existo y para lo que fui creado.
Dame algo de tu sabiduría para resolver amablemente las dificultades de miles de hermanos míos que sufren, que lloran y no saben para qué sirve el vivir. Enséñame cuál es el sentido del vivir, de sufrir, de morir. Ayúdame a amar mucho esta vida, pero infinitamente más la otra.
Aconseja al Jesús de la tierra, al Vicario de tu Hijo, a los obispos, sacerdotes…Enséñanos a discernir los engaños del Padre de la Mentira de las luces del Espíritu Santo. Madre del buen consejo, te necesitamos tanto en un mundo lleno de confusión y de sombras…


Madre del Creador
El Creador quiso ser creado en su naturaleza humana y por eso requirió de una madre. Eres madre del Creador por eso, porque le diste la naturaleza humana, un cuerpo de hombre. Madre del que creó el mundo. Por un lado criatura y por otra creadora de la vida humana del Creador. Tú tuviste entre tus brazos y alimentaste al Creador niño. Lo acunaste, le enseñaste a caminar, a hablar, a rezar, a vivir como hombre. Y te obedeció durante treinta años.
Engendradora del Camino, la Verdad y la Vida. Cuánto nos diste a nosotros al darla la vida a Él. Porque hiciste hermano nuestro al Dios, nuestro Salvador. Y Él, a su vez, te convirtió en Madre nuestra también. Y todo por amor de Dios a Ti y a nosotros. Estableciste un parentesco inusitado: Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, Madre nuestra.


Madre del Salvador
Como el Creador de mundos se hizo Salvador del Hombre, Tú adquiriste un nuevo título y parentesco: Madre del Salvador. Cuando otra mujer escuchó a tu Hijo Salvador pensó amorosamente en Ti. “Bendito el seno que te llevó y los pechos que te criaron”. Te llamó bendita. Te llamamos bendita porque eres la fuente de la fuente de aguas vivas y eres la Madre de la salvación que se llama Jesús. Al dar las gracias a Cristo, volvemos la mirada a quien fue su Madre.
El Salvador debía morir en una cruz< y en una montaña. En esa montaña estuviste Tú. No podías faltar. Allí fuiste nombrada solemnemente madre de todos los salvados. Tu maternidad es inmensa; tus hijos incontables. No sólo fuiste madre del Redentor, sino Corredentora, compañera de martirio como nueva Eva junto al nuevo Adán. Jesús ha salvado al hombre con tu ayuda, con tu sufrimiento. Colaboraste en la salvación de tus hermanos, antes de ser Madre de todos ellos.


Virgen prudentísima
Hablas cuando se requiere y callas cuando debes callar. No hablaste cuando José, ignorante del milagro que crecía en Ti, sufría sin saber. A los doce años de Jesús le preguntaste por qué. Pero cuando Él te respondió con otro por qué, callaste, aunque no tenías la respuesta. Conservabas todas aquellas palabras y misterios en tu corazón.
Pero en Caná hablaste, insististe, porque era necesario el milagro. No sólo conseguiste el mejor vino del mundo, para alegría de los comensales, sino que hiciste crecer la fe de los apóstoles.
Yo suelo hablar cuando debo y también cuando no debo. Y callo, por cobardía, muchas veces que debida hablar. ;e sobra cobardía y me falta prudencia. Virgen prudente, me inscribo en tu escuela para aprender esta difícil virtud.
Te apareces a gente sencilla y humilde, porque no quieres inquietar a los poderosos Eso es también prudencia, Sigues siendo en el cielo la Niña eterna que aquí fuiste..En los primeros siglos de la Iglesia dejaste actuar a Pedro y a los Apóstoles, y Tú actúas y ayudas desde la segunda fila. No quieres ser protagonista.

Virgen digna de veneración, de alabanza
He visto cientos de fervorosas procesiones de la Virgen, altares adornados con millares de flores, las flores más bellas, desde niño. En el calendario abundan las fiestas dedicadas a María, comenzando por la del primero de enero, María Madre de Dios, Esta fiesta invita a colocar el nuevo año en sui corazón.
Un mes primaveral, Mayo, se le dedica entero a la Virgen María. ¿Quién no ha llevado flores a la Virgen en el mes de Mayo? Tanto derroche de flores, ¿por qué? La flor es en sí hermosa, pero además es portadora de cariño, de ternura. En los altares de María hay infinidad de bellas flores, porque es mucho el amor de sus hijos.
Y las advocaciones tratan de obligar a María a quedarse en una región, a emparentar con un pueblo. Y así, la Virgen del Carmen, del Perpetuo Socorro, La Virgen de Guadalupe, Fátima, Lourdes… Así, la Madre de todos se convierte especialmente en Madre de los habitantes de un pueblo, añadiéndole su título particular.
El amor también canta. No podían faltar las hermosas canciones a la Virgen, que, si las juntáramos, serían miles y miles. Lo mejor dela cariño se muestra cantando. Millones de cristianos cantan a diario a su Madre del cielo. El que nunca te lleve una flor o te entone una canción, no sabe nada del amor…

Letanias 1a. Parte
Letanias 2a. Parte
Letanias 3a. Parte
Letanias 4a. Parte
Letanias 5a. Parte

Moniciones para la Solemnidad de Todos los Santos

Bueno espero les sirva, yo utilizo para cuando leo la Palabra de Dios.

Moniciones para la Solemnidad de Todos los Santos

Moniciones para la Misa. 1 de noviembre.
Autor: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net
Fiesta de los santos y santas de Dios


Entrada:


Hoy, 1ro de noviembre, nos hemos reunidos para celebrar la solemnidad de Todos los Santos. Con mucha alegría recordamos a todos aquellos hermanos y hermanas que nos han precedido en el camino de la fe y que ahora gozan de la plenitud de la vida con el Padre Celestial y con Jesús resucitado. Animados por el ejemplo de vida y la intercesión de todos los santos caminemos con la esperanza de conseguir nosotros también la santidad.


Primera lectura: Apocalipsis 7, 2-4.9-14 (Triunfo de la multitud de los elegidos)

Hoy en el texto evangélico escucharemos las bienaventuranzas, el programa de felicidad que nos propone el Maestro. Presten mucha atención a esta primera lectura, en ella contemplaremos la imagen del libro del Apocalipsis que describe la plenitud de los que han conseguido esa bienaventuranza para siempre.


Segunda lectura: I de Juan 3, 1-3 (Veremos a Dios tal cual es)

Vamos a escuchar la segunda lectura, San Juan en su primera carta resume muy bien en qué consiste la esperanza cristiana: todos los bautizados somos ya, aquí y ahora, hijos de Dios, pero todavía con limitaciones, tenemos la esperanza de llegar a serlo un día en plenitud.


Tercera lectura: Mateo 5, 1-12a (Las bienaventuranzas)

Son santos quienes recorren el itinerario universal de santidad que señalan las bienaventuranzas. Las vamos a escuchar ahora. Los santos hicieron realidad en su vida el programa del reino de Dios que las bienaventuranzas contienen para todos. La santidad no es una competencia olímpica para romper marcas anteriores, sino un caminar al paso cotidiano, conducido por el Espíritu que nos transforma en imagen de Cristo, si nosotros colaboramos.


Oración universal

A cada petición contestaremos: “Escúchanos, Padre”

Por la Iglesia de Dios, para que sea la sal de la tierra y la luz del mundo, y dé testimonio de la vida nueva que nos viene por Cristo Jesús. Roguemos al Señor…

Por los hombres y mujeres, para que la propuesta del Evangelio nos ayude a encontrar la felicidad auténtica. Roguemos al Señor…

Oremos hoy especialmente por nuestros difuntos: amigos y familiares, para que gocen para siempre de la plenitud de la vida con Dios. Roguemos al Señor…

Por cada uno de nosotros, los aquí reunidos, para que, con todos los santos y santas de Dios, avancemos por el camino de la fe para conseguir con ellos la felicidad eterna. Roguemos al Señor…


Exhortación Final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 636)

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación bendecirte, Dios santo, uno y trino, con todos tus santos, porque nos concedes celebrar hoy la gloria de la asamblea festiva de todos los bienaventurados en la patria definitiva del cielo. Hacia ella, aunque peregrinos y forastero en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y por la esperanza, y gozosos por la gloria de los mejores hijos de tu Iglesia, los santos, nuestros hermanos, en quienes encontramos ejemplo de vida cristiana que imitar y ayuda para nuestra debilidad. Por eso, unidos a todos los santos y al coro de los ángeles, te glorificamos repitiendo sin cesar: santo, santo, santo. Amén

Cuentos


NUEVAS HISTORIAS
· Para que el pueblo de Dios nunca considere la eucaristia como un deber molesto, sino como una fiesta gozosa para celebrar con el Señor y con los hermanos, roguemos al Senor.

Autor: Desconocido


Un experto asesor de empresas en Gestion del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia.

Saco de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo coloco sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamano de un puno y pregunto: ¿Cuantas piedras piensan que caben en el frasco?

Despues de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezo a meter piedras hasta que lleno el frasco.

Luego pregunto: ¿Esta lleno?

Todo el mundo lo miro y asintio. Entonces saco de debajo de la mesa un cubo con gravilla. Metio parte de la gravilla en el frasco y lo agito. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El experto sonrio con ironia y repitio:

¿Esta lleno?

Esta vez los oyentes dudaron: Tal vez no.

¡Bien!. Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzo a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

¿Esta lleno? pregunto de nuevo. ¡No!, exclamaron los asistentes.

¡Bien! –dijo-, y cogio una jarra de agua de un litro que comenzo a verter en el frasco. El frasco aun no rebosaba.

Bueno, ¿que hemos demostrado?, pregunto.

Un alumno respondio: Que no importa lo llena que este tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan mas cosas.

¡No!, concluyo el experto: lo que esta leccion nos ensena es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podras colocarlas despues.


¿Cuales son las grandes piedras en tu vida? ¿Tus hijos, tus amigos, tu iglesia, tus suenos, tu salud, la persona que quieres? -Recuerda, pon primero las que sean mas grande para ti. El resto encontrara su lugar.

El Mono Y La Mona.


Sentados en la rama de un arbol, el mono y la mona contemplaban la puesta de sol. En cierto momento, ella pregunto:

- ¿Que hace que el cielo cambie de color a la hora en que el sol llega al horizonte?

- Si quisieramos explicarnos todo, dejariamos de vivir, respondio el mono. -Quedate quieta, vamos a dejar que nuestro corazon disfrute con este romantico atardecer.

- La mona enfurecida le dijo: Eres primitivo y supersticioso. Ya no le prestas atencion a la logica, y solo te interesa aprovechar la vida frente a poemas y relatos.

En ese momento, pasaba un Ciempies.

- ¡Ciempies!, grito el mono. ¿Como haces para mover tantas patas en perfecta armonia?

- ¡Jamas lo pense!, fue la respuesta.

-¡Pues piensalo! ¡A mi mujer le gustaria tener una explicacion!

El ciempies miro sus patas y comenzo:

-Bueno... flexiono este musculo... no, no es asi, yo debo mover mi cuerpo por aqui...

Durante media hora trato de explicar como movia sus patas, y a medida que lo intentaba, se iba confundiendo cada vez mas. Cuando quiso continuar su camino, ya no pudo seguir caminando.

- ¿Ves lo que hiciste?, grito desesperado. ¡Con el ansia de descubrir como funciono, perdi los movimientos!

-¿Te das cuenta de lo que ocurre con aquellos que desean explicar todo?, dijo el mono, volviendose una vez mas para presenciar la puesta de sol en silencio.

Tremendo misterio este que de las oraciones y voluntarios sacrificios de unos pocos, depende la salvacion de muchos". (Pio XII)

Mis comentarios a la obra de Vassula Ryden


SOBRE "LA VERDADERA VIDA DE DIOS" DE VASSULA RYDEN
Leyendo algunas páginas del primer libro de Vassula...
tomo algunos fragmentos de su obra y doy un comentario.
RESTAURA MI CASA!

2.03.88
((VER A SAN FRANCISCO DE ASIS
En 1205, al regresar a su ciudad natal, realizó obras de caridad entre los leprosos y comenzó a trabajar en la restauración de iglesias en ruinas, en respuesta, según se dice, a una visión en la que el crucifijo de la iglesia de San Damián en Asís le pedía que reparara su casa.))
11.03.1988
Profecía
Rusia será resucitada por Mi Mano Divina y, en ese punto máximo de Santidad, mientras Mi Mano se posará sobre ella, calentando su frío corazón y reviviéndola, ella se levantará del silencio de la muerte y de su mundo de tinieblas hacia Mi Mundo de Paz y de Luz. Con un fuerte clamor, ella manifestará su alegría al ver a Su Salvador a su lado. Yo la levantaré hacia Mí y Mi Llama de Amor inflamará su corazón, purificándola y la dejará en un arrebato total para Mí, su Dios.
((parece un eco de las revelaciones de Fátima))

16.03.1988
¡Ah Vassula! Yo sé que no haces estas cosas a propósito, para ofenderme. Tus pecados están olvidados para Mí, como las aguas que han pasado y se secaron. Yo no miro hacia atrás, a tus pecados, ni te los recuerdo. Te permitiré volver a comenzar de nuevo. Yo te renuevo, bienamada, siente el Amor que tengo por ti. Yo te acepto como eres. Te he dado en tus manos las Coronas de Paz y de Amor, y tú debes llevar estas dos Coronas, junto con la Corona de la Justicia, ofreciéndolas en Mi propia Casa, a los pies de Mi amado Pedro.
((¿Y lo actual de sus pecados? esto parece una autojustificación de su vida actual))

23.03.88
¡No le dejéis que os ponga en la trampa de renegar de Mí! Rogad, rogad por el retorno de las almas. Que todas las almas aprendan las oraciones que te ha dado 1 que aprendan estas oraciones. Yo os amo a todos, Yo os amo a todos.
________________________________________
1 El "Acordaos" de San Bernardo, la oración a San Miguel Arcángel, la Novena de la Confianza al Sagrado Corazón. Yo digo estas oraciones cada día antes de escribir.
((¿Por qué estas y no otras, quizá por devoción personal más que por mandato divino?))



24.03.88
Yo clamo desde Mi Cruz, es porque, en ese preciso momento, veo a uno de los Míos ceder ante Satanás. Vassula, tú eres Mía, Mi sacerdote, Yo te amo.

- Jesús, ¿por qué me llamas sacerdote, si no se permiten las mujeres sacerdotes?

- Yo te he santificado, alma. Yo te he escogido, alma. Comprende que Mis Ojos ven tu alma. Mi Corazón siente tu alma. Yo amo tu alma, no tu cuerpo. Tu alma está en el interior de tu cuerpo. Trata de percibir Mis Palabras. Mira todo esto como Yo, tu Dios, lo veo.

El alma es lo que importa para Dios. Un alma, después de la muerte, va al Cielo y allí ya no habrá diferencia entre ser hombre o mujer. Todas las almas serán como ángeles. Jesús mira al alma y no a quien la lleva, ni tampoco hace distinción entre Sus almas escogidas.
((He aquí dos puntos que ver:
1.- el sacerdocio. Si bien es cierto que en una sana eclesiología somos todos sacerdotes en virtud del bautismo, aquí parece apuntar a un sacerdocio ministerial y no común, de ahí que Vassula pregunte: - Jesús, ¿por qué me llamas sacerdote, si no se permiten las mujeres sacerdotes?
Es mas viable que haya nuevamente sacerdotes con esposa a mujeres sacerdotes dentro la Iglesia Católica
2.- un platonismo superado, la dicotomía cuerpo-alma ha tiempo que la Iglesia no sostiene ya que se habla de que somos unidad cuerpo-alma y que los cuerpos resucitarán para volver a ser unidad ontológica con sus respectivas almas))

PARA UN ALMA INDIFERENTE
29.03.1988
Vassula, Mi Angustia por las almas que caminan en las tinieblas, por las almas llenas de manchas, amarga Mi Corazón.

Vassula Mía, estoy detrás de su puerta, llamando, pero ella se niega a abrir. Sus ocupaciones diarias no dejan lugar para Su Salvador. Su alma va hacia tinieblas más profundas y aunque le he dado la gracia de la inteligencia y de la percepción, no podrá cambiar mientras se rehúse a dejarme entrar. No exijo nada, sólo pido algo de reconocimiento, algo de amor. ¿Te das cuenta, Vassula?

Jesús estaba Triste.

Crearla fue un deleite para Mí, pero ¿cómo va a enterarse de esto si Me rechaza?

Sí,1 Vassula ámame, consuélame. Repara por aquellos que no Me aman.

Jesús escribió esto a causa de una persona de mi familia, que vino a pasar algunos días con nosotros. Cuando ella oyó hablar de estos Mensajes me pidió que se los mostrara. Leyó unos pasajes de un cuaderno y lo dejó. (Bostezó). Luego dijo: "Creo que cuando llegue a la edad para retirarme, me ocuparé de mi jardín de rosas y de mi vida espiritual, pero no ahora". Pidió estar presente mientras yo escribía, para observar este fenómeno y satisfacer su curiosidad, pero me negué. Nadie debe observarme en estos momentos, a menos que Dios lo permita. Esto ha sucedido en dos ocasiones: una, en un caso especial, y otra en el Centro Carismático de Dacca (Bangladesh). Es algo santo y no debe ser profanado por la curiosidad.
((esto a leguas se ve que es solo una reflexion personal por lo acontecido con su parienta, pero lo pone como palabras de Jesús))

Mi Casa está en ruinas.
¡Vassula! Ustedes deben reconstruir esta Antigua Fundación Mía, renovando Sus muros. Renueven Mi Santuario. Yo Soy El Señor y con Mi Fuerza reconstruirán estas antiguas ruinas
((se vuelve sobre la visión de san Francisco de Asis))

¡Pedro! Reúne, Pedro, a todas las naciones. Atráelas dentro de Mi Corazón. Yo llamo desde Mi Cruz. Alimenta a todas Mis ovejas, Pedro. Te pregunto de nuevo, Pedro: ¿Me amas más que éstos otros Me aman? Si tú Me amas más, no dejes que los Caínes te convenzan. Permanece firme. Ellos te pedirán leyes que parecen justas, para tratar a cada alma como a ellos les place. Estas mismas leyes vienen de los hombres. No dejes que te persuadan. Recuerda cómo Soy Yo, El Señor. Yo Soy Manso y Humilde. Sé Mi reflejo. ((y vuelve sobre la petición de la Virgen al Papa de consagrar a todas las naciones al corazón de Jesús))

ÁMAME, ¡Y VENCERÁS A MIS ENEMIGOS!

Viernes Santo ortodoxo. 08.04.88

Todas Mis ovejas se han descarriado. Satanás ha hecho caer sobre ustedes su ira, diviéndolos, separándolos, dispersándolos y confundiéndolos.... ¡Pedro! ¡Oh Pedro! Reconoce el Fin de los Tiempos. ¿Cómo puede ser que la mayoría de ustedes no pueden discernir los Tiempos? Han sido oscurecidos bajo las alas de Satanás
(( Habla sobre la Iglesia de Cristo y no solo la que subsiste en la Iglesia Católica))
¡Satanás ha desviado de la Verdad a muchos de ustedes! Toma Mi Mano, Pedro, y Yo te guiaré. Escucha Mi clamor. Reúne a tus hermanos de Oriente, llámalos a encontrarme bajo Mi techo. Reúne a tus hermanos de Oriente en Mi Fundación, llámalos ante Mí. ¡Cuánto deseo esta Unidad! ¿Pedro? Pedro, si tú Me escuchas, Yo llamaré a todas las naciones bajo Mi techo, Yo las santificaré y renovaré a todas. Del Cielo haré bajar Mi rocío de Rectitud, como la lluvia, y Mi Jardín será embellecido. Con Mis Reservas llenaré sus reservas. Escucha Mi Voz, Pedro. Mi Reino está ya aquí, a sus puertas. Mi Reino está en medio de ustedes. ¿Cómo es que no lo reconocen?


REUNIDOS EN TORNO A UN ALTAR
19.04.88
Padre, que podamos estar unidos por una sola Fe y un solo Bautismo, bajo Tu Santo Nombre. Que podamos ser tan solo Uno en Ti, como Tú, Jesús, nos haces Uno con Nuestro Padre. Guárdanos en Tu Nombre, el Nombre que Tú nos has dado.
Amén".
- ¿Ves? ¡Cuál será Mi Alegría cuando estéis reunidos en torno a Un Altar y cuando, en torno a este mismo Altar, Me alabéis, reconociendo vuestros errores, arrepintiéndoos de vuestra rebelión, acordándoos de Mi Amor por vosotros y amándoos unos a otros como Yo os amo! Hijos, ¡sed perfectos!
((aquí medita sobre Ef. 4,5 y así como ésta meditación hace muchas: sobre el profeta Joel, Jeremías, y otros tantos, lo mismo de los salmos, san Pablo y los evangelios.)


20.04.88
¡Ah, como amo tu alma! Quien Me busca Me ENCONTRARÁ. Llamen, y Yo ABRIRÉ la puerta. Vengan, Yo les recordaré Mi Presencia
((¿no les recuerda la imagen del Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo” o al pasaje evangélico: “Busquen y encontrarán, porque el busca encuentra y al que llama se le abre”?))

25.04.88
Mi Casa está en ruinas, Vassula, y quiero reconstruirla.
Yo te mostraré de qué manera el Amor desea amor.
(¿otra vez plagiando a san Francisco? El himno de la lit. de las horas… a proclamar que el amor esta vivo…)


OPINION PERSONAL:

Por lo leído sobre la obra de Vassula Ryden y los comentarios que en letra roja coloqué solo me queda por concluir que:

1- Confirmo la advertencia que hace la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre los escritos de Vassula.
2- Se puede leer de manera personal, pero no creer a pié juntillas todo lo que se dice
3- Se pueden observar ecos o pensamientos de otros escritos como son las visiones de San Francisco de Asís, los mensajes de Sor Faustina, los mensajes de la virgen en Fátima, la meditación de la biblia, etc., junto con frustraciones y enojos personales que vuelca en sus escritos como salidos de la mano de Dios.
4- Me parece una mujer con una profunda espiritualidad, pero NO al grado de colocarla a la altura de las místicas Santa Teresa de Ávila o Santa Faustina.
5- Es una mujer ortodoxa que no encuentra cabida ya dentro de su Iglesia y quiere servirse de la Iglesia Católica para promoverse, y en la búsqueda de un ecumenismo cristiano se salta los principios y normas de la Iglesia católica.
6- Sus escritos no están proscritos, pero si hay que leerlos sin obligación de creerlos y con mucha cautela y prudencia.
7- Sobre su situación sacramental tengo noticias que sigue en entredicho, de ser así, se le debería prohibir la comunión hasta que se aclare su situación.

Su hermano en Cristo y María: Promotor de la fe.

La Iglesia ante la Declaración común católico-luterana

» Ecumenismo y Diálogo Interreligioso » Confesiones Protestantes

La Iglesia ante la Declaración común católico-luteranaEn el programa de mano ofrecido, el título de esta conferencia aparece redactado en forma directa y afirma que el documento común de los católicos y los luteranos sobre la doctrina de la justificación constituye un nuevo paso hacia la unidad visible de la Iglesia. Por mi parte, y haciendo un significativo cambio, me limito a proponerlo tan sólo como un interrogante abierto y preguntar si, de hecho, tal documento va a significar un paso hacia la unidad visible de católicos y luteranos en la única Iglesia de Jesucristo. El motivo de mi actitud, un tanto cauta, se basa en que hasta el día de hoy el documento, que tenía que ser refrendado por la Confederación Luterana Mundial y por el Consejo Pontificio para promover la unidad de los cristianos, no ha recibido el respaldo oficial. A lo largo de la exposición espero recomponer las razones por las que se ha adoptado esta determinación.

El texto que nos proponemos estudiar lleva por título, como es de todos bien sabido, «Declaración conjunta de la Iglesia Católica y de la Federación Luterana Mundial sobre la justificación» y ha sido redactado por los teólogos católicos y protestantes designados para este fin por sus respectivas Iglesias. En este documento, cuya original trascendencia es reconocida por los católicos y los luteranos, se recoge el fruto de más de treinta años de diálogo ecuménico, pues antes del Vaticano II ya se iniciaron los contactos informales entre ambas confesiones, aunque es en 1967, después del Concilio, cuando se inicia el diálogo oficial. Al decir del cardenal Eduardo Idris Cassidy, Presidente del Consejo Pontificio para promover la unión de los cristianos, el consenso que en esta Declaración común se ha conseguido pone fin, al término del siglo XX y al comienzo del XXI, a una cuestión discutida durante muchos siglos (Presentación, 9)

La Declaración común de los católicos y luteranos consta de 44 proposiciones comunes, en las que se muestra la coincidencia doctrinal de los católicos y de los luteranos sobre las verdades fundamentales acerca de la justificación. En estas proposiciones se recoge la formulación común, alcanzada en el diálogo ecuménico, y a continuación, en dos números separados, se ponen de manifiesto los puntos de vista propiamente católicos y luteranos, a los que hace referencia la proposición acordada. Pero hay que tener en cuenta, como precisa la Federación Luterana Mundial, que la Declaración común no es una nueva presentación de la doctrina de la justificación, que vendría a añadirse a las respectivas de las Iglesias católica y luteranas ni tampoco pretende ser un nuevo Credo adoptado por ambas Iglesias. Se trata de algo más sencillo, pues la intención primaria de la Declaración común, tal y como se pone de manifiesto en el número 5 de la misma, tiende a recoger el «consenso sobre las verdades fundamentales de la justificación, demostrando que las diferentes explicaciones que aún subsisten no dan ya motivo para condenas doctrinales».

Para comprender las dificultades surgidas en torno a la Declaración común, se ha de tener en cuenta que en su mismo texto se advierte que, a pesar del consenso adquirido en materia de justificación, todavía subsisten algunos matices de apreciación que distinguen los planteamientos católicos de los luteranos, y se tiene conciencia de que con esta Declaración no se han resuelto todos los problemas doctrinales que separan a ambas confesiones, pues quedan pendientes asuntos como la relación entre la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, y en la eclesiología todavía se han de precisar temas como la autoridad en la Iglesia, su unidad, el ministerio y los sacramentos, etc. Así se pone explícitamente de manifiesto en el número 43 de la Declaración común.

Como quiera que con nuestra reflexión pretendemos exponer y analizar la toma de postura adoptada por la Iglesia Católica ante una cuestión de tan gran calado ecuménico como es la Declaración común de los católicos y luteranos sobre la justificación, habremos de recurrir por necesidad al estudio de la Respuesta de la Iglesia Católica; con su Presentación en la Sala de Prensa del Vaticano, tenida el 25 de junio de 1998 por el cardenal Cassidy. Por motivos de brevedad y método, renunciamos a tomar en consideración la meditación tenida por Juan Pablo II en el Ángelus del día 28 de junio de 1998 y la carta del cardenal Cassidy dirigida el 30 de julio del mismo año al Dr. Ismael Noko.

Según lo dicho, doble es el cometido de la Declaración común: proponer la coincidencia entre los católicos y los luteranos a la hora de formular la doctrina de la justificación, y proclamar que, en virtud de este consenso, las condenaciones recíprocas del siglo XVI ya no tienen vigencia en el presente. Ante este doble planteamiento: el consenso en las ideas fundamentales y la superación de los anatemas mutuos, ha tomado postura oficial la Iglesia Católica en un documento elaborado conjuntamente por la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe y por el Pontificio Consejo para fomentar la unidad de los cristianos. En dicho documento se ponen claramente de manifiesto las reservas de la Iglesia Católica al consenso, tal y como aparece redactado en la Declaración común, y a poder admitir que han perdido vigencia, en términos absolutos, los anatemas de Trento tanto en el decreto sobre el pecado original como sobre la justificación. Tratemos de analizar esta doble toma de postura.

Con respecto al consenso, la Respuesta católica dice expresamente en su preámbulo que, aunque reconoce que se ha conseguido un alto grado de acuerdo en la materia tratada y que se constata que existe un alto grado de consenso sobre las verdades fundamentales en la doctrina de la justificación, sin embargo no se puede hablar todavía de un consenso de tal naturaleza que elimine todas las diferencias entre los católicos y los luteranos. Esta reserva de tipo general se especifica en la primera de las Aclaraciones de la Respuesta católica, al precisar que las mayores dificultades, para poder afirmar que existe un consenso total, se encuentran en el parágrafo 4, d) que lleva por título: «El ser pecador del justificado». Como se puede deducir de esta precisión, las dificultadas básicas de la Iglesia Católica para admitir el consenso giran en torno a ciertas cuestiones que pudiéramos llamar clásicas en la polémica tradicional entre católicos y luteranos, y que enumeradas de forma directa son: a) la situación pecadora del justificado, b) la actitud pasiva del hombre ante la gracia, y la posibilidad de merecer en las acciones buenas y, c) la valoración de la justificación como criterio absoluto de la fe y por lo tanto de la teología. Según se dice sin tapujos en la Respuesta católica, toda la dificultad, para que pueda darse un auténtico consenso, estriba en el contenido de la cuarta parte de la Declaración, en la que se expone cómo ha sido comprendida en común la justificación. Y dentro de este grupo temático, la Respuesta católica presta especial atención al apartado d) que lleva por título «El ser pecador del justificado». Como dice claramente la respuesta católica, el título de este apartado suscita ya perplejidades desde el punto de vista católico. Y estas perplejidades se ponen explícitamente de manifiesto, al reflexionar sobre el hombre como justo y pecador, según la clásica formulación luterana «homo simul justus et peccator».

Como se advierte a simple vista, la postura adoptada por la autoridad católica tiene una actitud que, si tuviésemos que definir de alguna manera, deberíamos llamar clásica. Veamos de qué manera se proponen en la documentación católica cada una de las cuestiones enumeradas como dificultades.

a) Simul justus et peccator
Con esta expresión no se está ante el formalismo de una simple manera de hablar, sino ante el que ha de ser considerado principio axiomático de la concepción luterana del justificado. Para Lutero, y ahora para los luteranos, el hombre, que es pecador, al ser justificado no pierde su naturaleza pecadora, aunque la misericordia infinita de Dios, por la fe fiducial del hombre pecador en los méritos de Cristo, no le imputa el pecado, por lo que queda justificado. El hombre está justificado, pero es pecador. A esta concepción luterana de la justificación se opuso ayer el Concilio de Trento y se opone hoy la Respuesta de la Iglesia Católica. He aquí cómo se refleja esta temática en la Declaración Común y en la Respuesta católica.

El texto de la Declaración Común que propone el consenso entre los católicos y los luteranos dice así en el número 28: «Juntos confesamos que en el bautismo el Espíritu Santo une al hombre con Cristo, justificándolo y renovándolo realmente. Y sin embargo el justificado depende durante toda la vida continuamente de la gracia de Dios que justifica de forma incondicional. No queda sustraído al poder del mal, que sigue cercándolo, ni al dominio del pecado ( cf. Rm 6, 12-14), y no está exento de la lucha de toda la vida contra la aversión a Dios de la concupiscencia egoísta del hombre viejo ( Ga 5, 16; Rm 7, 7.10). También el justificado, que debe pedir cada día perdón a Dios tal y como se hace en el Padrenuestro ( Mt 6, 12;1 Jn 1, 9), está llamado continuamente a la conversión y a la penitencia, y continuamente se le concede el perdón».

Ésta es la propuesta común, y a ella nada hay que objetar, como nada le objeta la Respuesta de la Iglesia Católica. Todo hubiese quedado bien, si no siguiese el comentario luterano que en el número 29 dice: «Los luteranos entienden todo esto en el sentido de que el cristiano es justo y pecador al mismo tiempo. Él es enteramente justo pues Dios, mediante su Palabra y el sacramento, le perdona los pecados y le atribuye la justicia de Cristo, de la que se apropia en la fe y que lo hace justo en Cristo ante Dios. Pero, respecto a sí mismo, él reconoce que sigue siendo pecador, pues en él sigue morando el pecado (1 Jn 1, 8; Rm 7, 7-10)... Esta aversión a Dios como tal, es un auténtico pecado... Al afirmar que el justificado es también pecador, y que su aversión a Dios es un auténtico pecado, el luterano no niega que él, a pesar del pecado, no esté separado de Dios en Cristo, y que su pecado sea un pecado «vencido». A pesar de las diferencias en la concepción del pecado del justificado, los luteranos concuerdan en este último punto con la parte católica".

A pesar de los matices introducidos por los luteranos, que se advierten a simple vista, esta explicación sobre el «simul justus et peccator» no ha sido admitida por la Iglesia Católica, que de manera contundente afirma en su Respuesta: «Para la Iglesia Católica, la fórmula 'a la vez justo y pecador' como se expone al principio del número 29 es inaceptable». Y como razón alega que esta afirmación no parece compatible con la renovación y santificación del hombre interior de la que habla el concilio de Trento.

El cardenal Cassidy, al presentar en la sala de prensa del Vaticano la Respuesta de la Iglesia Católica, vuelve sobre este asunto y precisa que la explicación luterana de la persona justificada aparece en contradicción con la concepción cristiana del bautismo, para la cual todo lo que se pueda llamar con exacto título pecado ha sido borrado en el hombre. Y en consecuencia con estas razones, el Cardenal concluye afirmando que resulta difícil poder sostener que la doctrina luterana del «simul iustus et peccator» no caiga bajo los anatemas de los decretos de Trento sobre el pecado original.

Ni consenso ni superación de las condenaciones de Trento, ésta es la postura adoptada hasta este momento por la Iglesia Católica ante el justo y pecador luterano. No cabe duda que la Iglesia Católica, con la actitud de su respuesta, procura poner de relieve el hecho de la transformación interior obrada por el bautismo como causa instrumental de la justificación, en virtud de la cual en el pecador, como enseña Trento, se da no sólo el perdón del pecado, sino también la santificación y la renovación interna que supone el paso del pecado a la gracia. Esta es la doctrina de la Iglesia y de ella no puede dudar nadie, pues recoge el pensamiento paulino cuando en Romanos propone que por el bautismo el hombre ha quedado muerto al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús ( Rom 6, 11) y cuando en Gálatas describe el efecto del bautismo como un revestimiento, signo de la pertenencia consecratoria a Cristo ( Gal 3, 27-29).

No obstante, como también enseña Pablo, el tesoro de la gracia lo llevamos en frágiles vasijas de barro, que ponen de manifiesto la gratuidad del don (2 Cor 4, 7) y cada uno de los que han sido justificados, viven bajo el impulso de la doble tendencia espiritual y carnal, en virtud de la cual no consigue obrar lo que quiere, sino lo que aborrece ( Rom 7, 14-15). La doctrina paulina sobre el riesgo de la vida obliga a precisar que el hombre justo no está consagrado en gracia, y que por lo tanto en todos los momentos de su vida está sometido al peligro del pecado, tendencia que en la mayoría de los casos llega a concretarse en pecados reales. Ahí están, para corroborar esta observación, estas tajantes palabras de san Juan: «Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría en nosotros» (1 Jn 1, 8) Y tan palmaria proclamación del hecho del pecado, la ofrece san Juan en el mismo documento en que dice que nos llamamos hijos de Dios y lo somos (1 Jn 3, 1). Siguiendo a san Juan, desde la más pura ortodoxia católica, es lícito preguntar si el hombre es a la vez justo y pecador. En el siglo XVI esta expresión fue un principio de discordia entre católicos y luteranos, y hoy constituye una ocasión contraria a la unión.

Como remate de esta reflexión debo proclamar que considero un hecho lamentable en el diálogo ecuménico, que la parte católica, sin claudicar un ápice de los principios dogmáticos, no haya llegado a entender correctamente y admitir la fórmula «simul iustus et peccator», ya que, comprendida desde la corrección de la fe, es decir, reconociendo que el hombre justo es substantivamente hijo de Dios y existencialmente pecador, ofrece grandes posibilidades para elaborar una antropología cristiana, que ponga de manifiesto a la par la realidad constitutiva, el ser santo, del hombre redimido y el comportamiento existencial pecador del hombre cristiano. Y consecuencia de una tal antropología surgiría la necesidad constante de la purificación ascética del justo que, por ser a la vez pecador, ha de comprender la vida como una constante proceso de conversión que le lleve a superar el mal y le impulse de manera constante hacia el bien.

b) Actitud pasiva ante la gracia y posibilidad del mérito sobrenatural
El segundo tema ante el cual la Respuesta de la Iglesia Católica ha adoptado una postura negativa es aquel que hace referencia a la cooperación del hombre con el don divino de la gracia, y trata en consecuencia de la posibilidad del mérito sobrenatural en las acciones humanas.

En la Declaración Común, en el número 19, se formula en estos términos el pensamiento coincidente de los católicos y de los luteranos sobre la cooperación del hombre en la justificación: «Juntos confesamos que, en lo que respecta a la salvación, el hombre depende íntegramente de la gracia salvífica de Dios. La libertad que posee en relación con sus semejantes y con las cosas del mundo no puede darle la salvación. Esto significa que, a fuer de pecador, está sometido al juicio de Dios y es incapaz por sí solo de dirigirse a Dios para obtener la salvación, o de merecer su propia justificación ante Dios, o de alcanzar la salvación con sus propias fuerzas. La justificación tiene lugar tan sólo por gracia. Pues católicos y luteranos confiesan juntos todo esto».

Hasta aquí nada que oponer, pues todos, los católicos y los luteranos, reconocemos la justificación como un don gratuito de Dios. Vincular la justificación a causas humanas, equivaldría a adoptar una postura pelagiana o, cuanto menos, semipelagiana. Ahora bien, la Respuesta de la Iglesia Católica se opone a la explicación luterana de esta proposición, que en el número 21 de la Declaración común dice así: «Según la concepción luterana, el hombre es incapaz de cooperar a su propia salvación, pues como pecador, se opone activamente a Dios y a su acción salvífica. Los luteranos no niegan que el hombre pueda rechazar la acción de la gracia. Cuando subrayan con fuerza que el hombre sólo puede recibir (mere passive) la justificación, niegan con ello toda posibilidad de una aportación propia por parte del hombre a su justificación, pero no niegan su plena participación personal en la fe, participación que la misma Palabra de Dios realiza».

Esta proposición luterana ha sido perfectamente matizada por la Respuesta católica y por la Presentación del cardenal Cassidy en estos términos. La Respuesta católica, tras reconocer la gratuidad del don de la justificación, distingue una doble tendencia en la propuesta luterana y ante las dos toma postura. Así, en primer lugar aplaude, -literalmente dice: «la Iglesia levanta acta con satisfacción»- el explícito reconocimiento de los protestantes a que el hombre puede rechazar la gracia divina. Y desde aquí pone de manifiesto la incongruencia luterana cuando niega en el hombre la capacidad de adherirse activamente a la voluntad divina, y reduce su posibilidad a un comportamiento meramente pasivo.

Cuando la Iglesia Católica se opone, como lo hace, a la proposición luterana de la mera pasividad humana ante el don divino, está salvando no sólo un dogma, sino también al mismo hombre, ya que, a partir del famoso postulado protestante, la relación del hombre con Dios no tiene otro punto de apoyo que el voluntarismo ciego de la obediencia y, como advierte agudamente Ortega y Gasset, cuando el hombre sucumbe al cansancio de tan radical voluntarismo no le queda otro recurso que derivar hacia el ateísmo. Desde esta limitación antropológica que desvincula de Dios el sentir y el pensar del hombre, siempre he tendido a admitir que el luteranismo lleva implícita una llamada al ateísmo, mientras el cristianismo, desde la cooperación activa de la naturaleza humana en el orden de la gracia, tiende cauces hacia el humanismo.

Como lógica consecuencia de la proposición analizada, surge aquella otra que hace referencia al mérito, que siempre fue, y veremos cómo continúa siendo, un tema discutido entre luteranos y católicos. En el número 17 de la Declaración común se propone como doctrina admitida por unos y por otros la que dice así: «Juntos estamos convencidos de que el mensaje de la justificación nos reenvía de manera especial al centro del testimonio neotestamentario de la acción salvífica de Dios en Cristo. Dicho mensaje nos dice que los pecadores debemos nuestra nueva vida únicamente a la misericordia del Dios que nos perdona y nos re-crea, misericordia que nosotros tan sólo podemos dejarnos regalar y acoger en la fe, pero no, de manera alguna, merecer».

A esta propuesta, en la que se niega de manera absoluta que la justificación se pueda merecer, la Respuesta católica ha hecho estas precisiones. Apoyándose en el concilio de Trento, reconoce y sostiene que las buenas obras del justificado son siempre fruto de la gracia pero, al mismo tiempo, son también el fruto del hombre justificado y transformado interiormente, por lo cual se puede decir que la vida eterna es una gracia y una recompensa dada por Dios por las buenas obras y los méritos. En su Presentación, el cardenal Cassidy insiste sobre este punto y precisa que la Iglesia Católica sostiene con los luteranos que las buenas obras del justificado son fruto de la gracia. Pero, al mismo tiempo, y sin disminuir en nada la iniciativa totalmente divina, considera que la vida eterna es, al mismo tiempo, gracia y recompensa otorgada por Dios por las buenas obras y los méritos del hombre justo.

¿Qué decir de toda esta cuestión? Pecando de simplista, aunque no desando serlo, me permito afirmar que todos tienen razón. Y la razón de cada uno va a depender de la visual que adopte al proponer su doctrina. Católicos y luteranos sostienen que la justificación es un don gratuito. Hasta aquí de acuerdo, ya que la base de la discusión no radica en la gratuidad de la justificación, sino en la posibilidad del mérito del hombre justificado. La Respuesta católica es afirmativa, como debe serlo, con lo cual no enseña que el mérito sea una mera consecuencia del obrar humano. La explícita formulación de Trento en el capítulo 16 del Decreto de justificación, que lleva por título: «Del fruto de la justificación», esto es, del mérito de las buenas obras, y de la razón de su mérito ( DS 1545-1550) enseña que, como la cabeza en los miembros, según Filipenses 4, 15, y la vid en los sarmientos, a tenor de Juan 15, 5, el influjo de la gracia antecede, acompaña y sigue siempre a las buenas obras, y que sin este influjo no pueden ser gratas y meritorias. A partir de Trento hay que afirmar tanto la gratuidad absoluta de la gracia, como que el hombre adquiere la capacidad personal para obrar meritoriamente, no desde la mera fuerza natural sino desde el don divino que actúa sobre él, con lo cual hay que afirmar que el mérito se apoya siempre en el don divino. Toda esta cuestión, si se la analiza con finura, se reduce a explicar el modo cómo la persona puede cooperar al don divino y pienso que para aclararla en un contexto ecuménico se impone buscar una mayor precisión en el diálogo, y fruto de esta búsqueda quizá se podrían alcanzar altas cotas de mutua comprensión y de consenso.

c) Posición de la justificación en el conjunto de la fe
El último punto, entre los que establecen la diferencia de católicos y luteranos y que, según la Respuesta católica, no permiten hablar de pleno consenso, es el que aparece en la Declaración común con el número 18 y que, después de haber afirmado en el número anterior que la doctrina de la justificación reenvía de manera especial al centro del mensaje neotestamentario, precisa este pensamiento en los términos siguientes: «Por ello la justificación, que acepta y explica este mensaje, no sólo es parte integrante de la fe católica, sino que mantiene una relación esencial con todas las verdades de la fe, que han de contemplarse en íntima correlación mutua. Se trata de un criterio irrenunciable que orienta continuamente hacia Cristo toda la doctrina y la praxis de la Iglesia. Al subrayar la incomparable importancia de este criterio, no niegan los luteranos el conjunto y la importancia de todas las verdades de fe. Mientras sienten el deber de tener en cuenta distintos criterios, los católicos no niegan por su parte la especial función del mensaje de la justificación. Luteranos y católicos persiguen juntos un único objetivo: el de confesar en todo a Cristo, en quien ha de confiarse por encima de todo, pues es el único mediador (1 Tm 2, 5-6) mediante el cual Dios en el Espíritu Santo se da a sí mismo y otorga los dones que renuevan».

A esta proposición, que afecta al criterio desde el que hay que valorar la justificación en el conjunto de la fe cristiana, la Respuesta católica la considera, literalmente, otra dificultad que pone de relieve el diferente aprecio que la doctrina de la justificación tiene para los católicos y los luteranos. La Respuesta católica precisa que, mientras para los luteranos la doctrina de la justificación ha adquirido un sentido especial, para la Iglesia Católica el mensaje de la justificación, según la Escritura Sagrada y desde el tiempo de los Padres, ha de ser integrado en el criterio fundamental de la «regula fidei», es decir, en la confesión de Dios uno y trino, cristológicamente centrado y enraizado en la Iglesia viva y en sus sacramentos.

Con esta divergencia entre católicos y luteranos no se está ante un mero formalismo, en virtud del cual se cotiza en más o en menos la justificación, sino ante la comprensión de la justificación en el conjunto de la fe y en el comportamiento de la Iglesia. Y si para los luteranos el fundamento del comportamiento de fe a seguir por la Iglesia es la justificación del hombre pecador, para la Iglesia Católica, como lo acaba de reafirmar en el Vaticano II, la justificación ha de ser vivida desde el mismo misterio de Dios, uno y trino, que envía a su Hijo para obrar la redención del hombre, y concede su don por los sacramentos en el ministerio de la Iglesia. Con esta distinta valoración de la justificación, se pone una vez más de manifiesto la diversa comprensión del hombre, pues para los luteranos es pesimista, por considerarlo radicalmente pecador, y para la Iglesia católica es humanista por considerarlo no desde el pecado, sino desde el hecho previo de ser imagen de Dios. No se olvide que la nota diferencial entre la antropología católica y la luterana estriba precisamente en la comprensión del hombre como imagen de Dios incluso después del pecado, aceptada por parte católica, y negada por parte luterana.

Perspectivas para el trabajo de futuro
Con estas palabras terminan tanto la Respuesta de la Iglesia Católica como la presentación del cardenal Cassidy. A pesar del aspecto objetivamente duro de la Respuesta católica, deja abierta una puerta hacia la esperanza, al proponer que al importante paso dado buscando un acuerdo ecuménico sobre la doctrina de la justificación, deben seguir otros estudios en vista a clarificar de manera satisfactoria las divergencias que todavía subsisten. Para conseguir este fin propone un doble cometido, en primer lugar, el estudio integral de los textos neotestamentarios y advierte que, entre los paulinos, habrá que prestar especial atención a los que ponen de relieve la nueva realidad del hombre justificado. La atención a todos estos elementos, dice la Respuesta católica, podría ser muy útil para la comprensión mutua y permitiría resolver las divergencias que subsisten todavía en la doctrina de la justificación

En segundo lugar, la Respuesta católica formula un deseo de cara al futuro, al proponer como preocupación común de los luteranos y los católicos la búsqueda de un lenguaje, capaz de hacer más comprensible la doctrina de la justificación para todos los hombres de nuestro tiempo. Se trata de un deseo noble en su formulación, aunque difícil, muy difícil, en su ejecución, ya que en el diálogo católico-luterano se trata de aunar dos lenguajes que responden a dos categorías filosóficas bien distintas: la metafísica aristotélica tomista de la Iglesia Católica y la nominalista de Ockam, aceptada por los luteranos. Si se tiene en cuenta, aunque sea recurriendo a una simplificación, que donde un aristotélico dice substancia y por ende permanencia, un ockamista dice acto y por lo mismo momento concreto, se advertirá a simple vista lo difícil que va a resultar conseguir un lenguaje común entre ellos.

En esta diversa compresión y explicación filosófica de los hechos radica para mí una de las grandes dificultades en el diálogo ecuménico. Y como quiera que ésta es una convicción personal, ya antigua en mí, me permito leerme en un texto que redacté hace ya diecisiete años. En aquella ocasión se trataba del diálogo entre católicos y anglicanos sobre la comprensión mutua de la Eucaristía, el ministerio con la ordenación, y la autoridad en la Iglesia, documento que tampoco fue suscrito por la Iglesia Católica. Lo que dije hace ya muchos años me permito repetirlo hoy, pues las condiciones son las mismas y yo continúo pensando igual. Tan sólo habrá que leer luterano donde en el texto original escribo anglicano.

Dije entonces así [1] : «Los temas abordados por la ARCIC: Eucaristía, ministerio y ordenación, autoridad en la Iglesia, son de máximo interés, y si el resultado alcanzado en la consideración de los mismos no ha sido plenamente satisfactorio para todos, como lo demuestran las observaciones de la Sagrada Congregación de la Fe en carta del cardenal Ratzinger al obispo Clark [2] , co-presidente de la Comisión, se ha de reconocer, como lo hace también la nota de la Sagrada Congregación, que el talante que ha orientado el estudio de la Comisión ha sido el de un auténtico diálogo ecuménico que supera las posiciones estérilmente polémicas de tiempos pasados. Por mi parte reconozco como elemento positivo el ambiente de franca apertura que ha presidido los contactos católico-anglicanos, pero presumo que esta postura de sereno diálogo, aun siendo del todo imprescindible, no baste para llevar adelante la consideración de los temas ecuménicos, y que la posibilidad del diálogo con los anglicanos se agote pronto, si para futuros contactos no se clarifican desde la metodología determinados conceptos que juegan un papel primordial en el trabajo realizado y en el que resta por hacer.

Ya en otra ocasión he advertido sobre las implicaciones filosóficas que subyacen en todo planteamiento ecuménico y sobre la necesidad de atender en el diálogo interconfesional no sólo a los postulados bíblicos, eclesiales y dogmáticos, sino también a los supuestos filosóficos [3] , y ahora insisto en lo mismo porque considero imprescindible que las partes dialogantes se percaten de que toda cuestión teológica va siempre circunscrita por una determinada sensibilidad cultural. Si esto no se tiene en cuenta, se corre el riesgo de valorar las proposiciones siempre y sólo desde una perspectiva dogmática, cuando, en verdad, el móvil inductor de determinadas posturas no es el dogma en sentido estricto sino el pensamiento que, al abrigo del dogma, ha ido fraguando la filosofía, y que es asumido en elaboración personal o por ósmosis ambiental. Tan sólo la atención prestada al contexto cultural de las cuestiones permitirá precisar lo que afecta directamente al dogma, y distinguir, y en la medida de la necesidad asumir, los elementos aportados por la idiosincrasia cultural. A esto hay que sumar el esfuerzo de precisión en el lenguaje del diálogo ecuménico. De no hacerse así se está ante el peligro de usar materialmente los mismos términos con acepciones distintas, y con idénticas palabras expresar ideas distintas o, cuanto menos, carentes de la requerida precisión».

Me alegro de que mi antigua preocupación coincida de alguna manera con el deseo expuesto por la Respuesta católica ante la Declaración común católico-luterana sobre la justificación. Pero a fuer de honrado, debo mostrarme pesimista pues se trata de una dificultad humanamente insalvable. Tan sólo el don de Dios podrá hacer posible lo que humanamente no lo parece. Ante tal convencimiento, no queda otra opción mejor que recurrir a la oración para, en unión con Cristo, pedir al Padre que todos seamos uno ( Cfr. Jn 17, 22-23).

NOTAS
[1] Ramón Arnau, Realidad e historia como supuestos ecuménicos, en Diálogo Ecuménico 59 (1982) 375-390.

[2] L'Osservatore Romano, 6 mayo 1982.

[3] R. Arnau, Apunte sobre fe e historia en la teología protestante alemana, en "Anales Valentinos" 7 (1978) 15-16.
FichaRamón Arnau
almudi.org
nº 81

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Dr Ricardo Castañon - Ciencia Prueba Milagros


Extraordinaria conferencia del Dr Ricardo Castañón








El Doctor Ricardo Castañón era un renombrado investigador científico ateo, hasta que en los inicios de la década del 90 se encontró con evidencias científicas incontrastables que lo llevaron a la fe. Por medios sorprendentes recibe de Jesús la Palabra que resume cual es la misión de su vida: demostrar científicamente quienes son los místicos verdaderos y quienes los falsos, cuales manifestaciones son verdaderas, y cuales son falsas.



A los pocos años se encontró con su vida inmersa en una fe sólida, fundamentada en su propio conocimiento científico que lo llevó a ver una y otra vez la Presencia real de Dios a través de manifestaciones del mundo sobrenatural.


En esta conferencia del Doctor Castañón se nos presenta una vez más el extraordinario llamado de Dios al hombre de estos tiempos, hombre sin fe, escondido en su razón. Como investigador y científico, pero sometido totalmente a la autoridad de la iglesia, él avala desde el punto de vista de la ciencia lo que observa pero entrega estas evidencias a la autoridad pastoral de cada lugar y espera con humildad y paciencia la palabra de los pastores.
Entre otros temas el Dr. Ricardo Castañón da testimonio de sus investigaciones del Milagro Eucarístico de Buenos Aires, de la exudación de Sangre del Cristo de Cochabamba, de las lacrimaciones de la Imagen de la Virgen en Akita, Japón, de extraordinarias fotografías obtenidas en Medjugorje y otros sitios marianos y de muchas otras maravillas.
En lo personal para mi, la palabra del Doctor Castañón es una brisa de aire fresco que sustenta muchos de nuestros escritos y publicaciones. Nos produce verdadera emoción y orgullo escucharlo, es un gran regalo de Dios el tenerlo trabajando al servicio del Señor y Su Madre


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FORMAS DE LA REVELACION DIVINA

A. FORMAS DE LA REVELACION DIVINA

La Biblia tiene como objetivo y propósito el ser la revelación del ser, las obras y el programa de Dios. Que un Dios infinito buscase el revelarse a sí mismo a sus criaturas, es razonable y esencial para el cumplimiento de los propósitos de Dios en la creación. Es, por otra parte, natural que los seres racionales intenten saber algo respecto al Creador que les ha dado vida. Si el hombre es el más alto orden de las criaturas, que tiene la capacidad de reconocer y tener una intima comunión con el Creador, es, por tanto, también razonable esperar que el Creador se comunicase con sus criaturas, revelándoles su propósito y su voluntad. Hay tres vías de máxima importancia y que han sido utilizadas por Dios para revelarse a sí mismo.

1. La revelación de Dios en la creación. El poder eterno y el carácter de Dios se revelan por las cosas que han sido creadas (Ro. 1:20). El mundo de las cosas naturales, siendo una obra de Dios, muestra que Dios es un Dios infinito en poder y sabiduría y que ha diseñado y creado el mundo físico para un propósito inteligente. La revelación de Dios mediante la Naturaleza, sin embargo, tiene sus limitaciones,al no aparecer claramente manifestado el amor y la santidad de Dios. Mientras que la revelación en la Naturaleza es suficiente para que Dios pueda juzgar al mundo pagano por no adorarle como su Creador, no revela un camino de salvación mediante el cual los pecadores puedan ser reconciliados con un Dios santo, sagrado.

2. Revelación en Cristo. Una suprema revelación de Dios fue suministrada en la persona y la obra de Cristo, que nació en su debido tiempo (Gá. 4:4). El Hijo de Dios vino al mundo para revelar a Dios a los hombres en términos que pudiesen comprender. Por su llegada como hombre mediante el acto de la encarnación, los hechos relacionados con Dios, que de otra forma hubiesen sido muy difíciles para la comprensión humana, se trasladan al limitado alcance de la comprensión y el entendimiento humanos. Así pues, en Cristo, no sólo se revela el poder y la sabiduría de Dios, sino también su amor, la bondad divina, su santidad y su gracia. Cristo declaró:

«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn. 14:9). En consecuencia, el que conoce a Jesucristo, también conoce al Dios Padre.

3. La revelación en la Palabra escrita. La Palabra escrita de Dios es capaz, sin embargo, de revelar a Dios en términos incluso más explícitos de los que puedan ser observados en la persona y obra de Cristo. Como previamente se ha demostrado, es la Biblia la que nos presenta a Jesucristo tanto como el objeto de las profecías, como en su cumplimiento. Con todo, la Biblia va aún más allá; dando detalles respecto a Cristo, muestra el programa de Dios para Israel, para las naciones, así como para la iglesia, y trata de muchos otros temas de la historia del género humano y del universo. La Biblia no sólo presenta a Dios como su tema fundamental, sino que también nos muestra sus propósitos. La revelación escrita lo incluye todo en sí misma. Expone de la forma más clara y convincente todos los hechos que conciernen a Dios y que están revelados en la Naturaleza, y proporciona el único registro que atañe a la manifestación de Dios en Cristo. También se extiende la divina revelación en grandes detalles que se relacionan con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, los ángeles, los demonios, el hombre, el pecado, la salvación, la gracia y la gloria. La Biblia, pues, puede ser considerada como el complemento perfecto de la divina revelación de Dios, parcialmente revelada en la Naturaleza, y más plenamente revelada en Cristo, y revelada completamente en la Palabra escrita.

B. REVELACION ESPECIAL

A través de toda la historia del hombre, Dios ha suministrado una revelación especial. Se registran muchas ocasiones en la Palabra de Dios en que habla directamente al hombre, como El lo hizo en el jardín del Edén, o a los profetas del Antiguo Testamento, o a los apóstoles en el Nuevo. Algunas de estas revelaciones especiales fueron registradas en la Biblia y forman el único y autorizado registro inspirado que tenemos de tal revelación especial.

Una vez completos los 66 libros de la Biblia, la revelación especial en el sentido ordinario de la expresión parece haber cesado. Nadie ha sido capaz de añadir con éxito un solo versículo a las Escrituras como declaración verdadera. Las añadiduras apócrifas son claramente inferiores y sin la inspiración propiamente dicha que caracteriza siempre todo escrito de la Escritura.

En lugar de la revelación especial, sin embargo, una obra del Espíritu Santo ha caracterizado especialmente la edad presente. Así como el Espíritu de Dios ilumina o arroja luz sobre las Escrituras, hay una forma legítima de tiempo presente en la revelación procedente de Dios, en la cual las enseñanzas de la Biblia se aclaran y se aplican a la vida de los individuos y las circunstancias. Emparejada con la obra de iluminación está la obra del Espíritu como guía, cuando las verdades generales escriturísticas se aplican a las necesidades particulares de un individuo. Aunque ambas cosas -la guía y la iluminación- son obras genuinas de Dios, no garantizan que un individuo comprenda perfectamente la Biblia, o en todos los casos la comprenda adecuadamente con la guía de Dios. Así, mientras que la iluminación y la guía son una obra del Espíritu, no poseen la infalibilidad de la Escritura, puesto que los receptores son seres humanos de por sí falibles.

Aparte de esta obra del Espíritu de Dios, no obstante, al revelar lo que significa la Escritura, no hay comprensión real de la verdad, como se declara en 1 Corintios 2:10. La verdad de la Palabra de Dios necesita ser revelada a nosotros por el Espíritu de Dios, y necesitamos ser enseñados por el Espíritu (1 Co. 2:13). Según 1 Corintios 2:14, «... el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puéde entender, porque se han de discernir espiritualmente». En consecuencia, la Biblia es un libro cerrado, por lo que respecta a su verdadero significado, para quien no sea cristiano y no esté enseñado por el Espíritu. Ello requiere, además, por parte del individuo estudioso de la Escritura, una íntima proximidad con Dios en la cual el Espíritu de Dios sea capaz de revelar su verdad.

C. INTERPRETACION

Al recibir la revelación que proviene a través del Espíritu Santo, en la forma en que El enseña la Palabra de Dios a un creyente en Cristo, los problemas de interpretación de la Biblia se hacen evidentes. Son necesarias ciertas reglas básicas si se tiene que comprender la ciencia de la interpretación, llamada «hermenéutica». Aunque existe confianza y seguridad en el Espíritu Santo para la instrucción en la Palabra de Dios, hay ciertos principios que tienen que ser enumerados.

1. El propósito de la Biblia como un todo. Al interpretar la Biblia, cada texto tiene que ser tomado a la luz del contenido total de la Escritura, para que la Biblia no se contradiga a sí misma.

2. El mensaje particular de cada libro de la Biblia. La interpretación de la Escritura necesita siempre tomar en consideración el propósito del libro, del cual forma parte. Un estudio del Eclesiastés es, según esto, completamente diferente del de un libro como el Apocalipsis, o los Salmos, y la interpretación tiene que estar en relación con el propósito del libro.

3. A quién va dirigido. Mientras que toda la Escritura ha recibido por igual la inspiración de Dios, no toda Escritura es igualmente aplicable. Muchas falsas doctrinas se han producido mediante una errónea aplicación de la Escritura. De esta forma, la cuestión se plantea en lo concerniente a quién se considera en un pasaje particular. Es preciso distinguir la aplicación primaria y secundaria. La aplicación primaria puede extenderse sólo al individuo o grupo a quien va dirigida la Escritura, como, por ejemplo, la Epístola a los Gálatas o un salmo escrito por David. Hay casi siempre una segunda aplicación, cómo las verdades particulares se producen el texto escriturístico y que se descubre que tienen una aplicación general más allá de aquel a quien están realmente dirigidas. Así, mientras la ley en el Antiguo Testamento está dirigida a Israel, los cristianos pueden estudiarla con provecho como una revelación de la santidad de Dios, cambiando algunos particulares en su aplicación a nosotros.

4. El contexto. Una de las importantes consideraciones en la exposición de cualquier texto es considerar el contexto inmediato. Con frecuencia esto proporciona la pista para lo que fue escrito intencionadamente en esa declaración particular. La Escritura que precede y sigue cualquier versículo dado ayuda al lector a comprender tal versículo en sí mismo.

5. Las enseñanzas similares en otra parte de la Palabra de Dios. Ya que la Biblia no puede contradecirse a sí misma, cuando se hace una declaración teológica en un versículo ha de estar armonizada con cualquier otra declaración teológica similar en otra parte. Esta es la tarea particular de la teología sistemática, la cual intenta tomar toda la revelación divina y exponer de forma clara y convincente su contenido en una forma doctrinal que no sea contradictoria de cualquier porción o parte de la Sagrada Escritura. Con frecuencia, unos libros se complementan recíprocamente con otros. Por ejemplo, el libro del Apocalipsis repetidamente depende para su interpretación del libro de Daniel u otro del Antiguo Testamento, en sus profecías. Si el Espíritu Santo es el autor de la totalidad de la Palabra de Dios, lo que se dice en un lugar, debe ayudarnos a comprender lo que se dice en otro, en la Escritura.

6. Exégesis precisa de las palabras en un texto particular. La Biblia fue escrita originalmente en hebreo y en griego, y con frecuencia se presenta la dificultad de su correcta traducción. Por tanto, el conocimiento del lenguaje original es muy necesario para determinar con exactitud lo que dice el texto. Los estudiosos de la Escritura que no disponen de esos recursos técnicos, pueden ayudarse frecuentemente por comentarios y exposiciones hechos por autores capacitados para arrojar luz sobre un texto particular. Aunque para la mayor parte de los propósitos una buena traducción es suficiente, un estudioso que ponga cuidado en su esfuerzo se ayudará a veces consultando trabajos de autoridades competentes, capaces de aclarar un texto específico.

Por añadidura, para determinar el significado real de las palabras, la adecuada interpretación asume que cada palabra tiene su significado literal normal, a menos que haya buenas razones para considerarla como una figura del discurso. Por ejemplo, la tierra prometida a Israel no debe ser considerada como una referencia al cielo, sino más bien como una referencia literal a la Tierra Santa. Por la misma razón, las promesas dadas a Israel no deberían ser espiritualizadas para aplicarlas a los creyentes gentiles en Cristo. La regla de interpretación es que las palabras deben tener su significado normal, a menos que el contexto indique claramente que se intenta emplear una figura de dicción en el discurso.

7. Precauciones contra los prejuicios. Si bien es adecuado para cualquier intérprete de la Escritura el aproximarse a un pasaje con la convicción teológica que surge del estudio de la totalidad de la Biblia, hay que tener cuidado en no retorcer el texto respecto a lo que no dice, con objeto de armonizarlo con ideas preconcebidas. Cada texto debe hablar por sí mismo, y ello hay que permitirlo incluso si deja temporalmente sin resolver algunos problemas de armonización con otra parte de la Escritura.

Al interpretar la Biblia, es importante considerar a la Escritura como una comprensiva revelación que tiene como fin el ser comprendida por todos los que son enseñados por el Espíritu. La Biblia tiene la intención de comunicar la verdad, y cuando está adecuadamente interpretada, contiene en sí un sistema de doctrina que es armonioso y no contradictorio.

PREGUNTAS

1. ¿Por qué es razonable asumir que Dios haya deseado revelarse a sí mismo al hombre?

2. ¿Cuál es la extensión y la limitación de la revelación en la Naturaleza?

3. ¿Hasta qué extremo es Cristo una revelación de Dios?

4. ¿Por qué ha sido la Palabra escrita necesaria para revelar a Dios completamente?

5. ¿Cuáles son algunos de los temas más importantes de la revelación divina y que no pueden ser aprendidos en la Naturaleza?

6. ¿Qué quiere significarse por revelación especial?

7. ¿Qué obra del Espíritu ha reemplazado hoy la revelación especial y por qué es ello necesario?

8. ¿Por qué es preciso tomar en consideración a la Biblia como un todo, al igual que el mensaje particular de cada libro de los que componen la Escritura?

9. ¿Cuáles son los peligros de aplicar mal la Escritura, y por qué es preciso distinguir la aplicación primaria y secundaria?

10. ¿A qué se contribuye con el contexto de cualquier pasaje?

11. ¿Por qué es preciso que la interpretación de un texto esté en armonía con otros pasajes bíblicos?

12. ¿Hasta qué extremo se requiere que la exégesis sea precisa?

13. ¿Hasta qué extremo debería el significado normal de las palabras determinar el significado de un pasaje?

14. ¿Cuál es el peligro de los prejuicios al interpretar la Escritura?

Modo más respetuoso de comulgar es de rodillas y en la boca

22-Septiembre-2009


LIMA, 21 Sep. 09 (ACI).- En la homilía de la Misa dominical que presidió en la Catedral de la ciudad, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani, señaló que "el modo más respetuoso de recibir la Eucaristía es de rodillas y en la boca. Hay que recuperar el respeto y reverencia que merece la Eucaristía, porque el amor a Jesús es el centro de nuestra vida cristiana, te juegas el alma".

En su homilía, el Purpurado explicó que este modo de comulgar es el más solemne y recomendado, por lo que los fieles que participaron de la Misa recibieron la comunión con estas indicaciones, explica la nota del Arzobispado de Lima.
El Cardenal animó también a los fieles a contemplar a Cristo Eucaristía en las más de 70 capillas de Adoración al Santísimo que se han construido en la Arquidiócesis de Lima, promovidas con ocasión del Año de la Eucaristía y la Misión Continental, convirtiendo así a la capital del Perú en una "ciudad Eucarística".
"Lima es una ciudad Eucarística con más de 70 capillas de Adoración al Santísimo, lugar donde está expuesto el Señor y al que tu puedes saludar, porque él te escucha y te ayuda. Hay que adorarlo y dejar que tu corazón se llene de gozo y de la belleza de su sabiduría", mencionó.
Paz entre Perú y Chile
De otro lado y en su programa radial sabatino "Diálogos de Fe", el Cardenal Cipriani se refirió a las tensiones entre Perú y Chile y advirtió que no es bueno "estar en los medios de comunicación ventilando situaciones; y, mucho menos, dejando que las pasiones de unos y otros, normales y corrientes, estén creando una situación totalmente fuera de lugar".
"Lo mejor –dijo el Arzobispo Primado– es bastante silencio y una mayor intensificación de las relaciones internas, para que como seres racionales y seres prudentes, pero con la verdad –la cual no se puede dejar de lado– se dialogue. Pero no en este esquema de me compro un submarino, yo me compro dos. Me compro un tanque, yo tengo tres. Realmente, pensar que en este siglo XXI este sea el lenguaje"
"Creo que hay que callar las armas, callar la discusión en la prensa y reflexionar un poco más hacia dentro. Como se ha dicho ahora, una justicia requiere de solidaridad, de dignidad y no de exacerbar", los ánimos, alentó.
"No se olviden, las campañas políticas siempre han tenido un aliado, que es las dificultades internacionales. Siempre quien quiere aprovechar de una situación de coyuntura política, levanta problemas internacionales. Esto es viejo, viejísimo. No caigamos tontamente, cuando ambos países, uno antes y otro después, están cercanos a unas elecciones", señaló.
Solidaridad y respeto a la vida
Al comentar la necesidad de la solidaridad en la sociedad actual, el Arzobispo señaló que "hay que ser solidarios con ese inicio de la vida que se da en el primer instante de la concepción. La humanidad entera, los legisladores, los medios de comunicación y todos con ese respeto sagrado a lo que es ese instante del inicio de la concepción".
"Me cuesta pensar que un señor sea solidario con un sueldo; y simple y llanamente reparte unas pastillas para matar esa reciente concepción, a través por ejemplo de la pastilla del día siguiente", alertó
"Me cuesta esfuerzo pensar que una persona fríamente manipula vidas y después va a ser generoso o solidario cuando haya que aumentar un sueldo. No entiendo. Dejen de maltratar la vida del no nacido y verás que empezamos a pensar diferente", concluyó el Cardenal.

Hugo de Génova, Santo - 8 de Octubre.


hugo-genovaReligioso, Octubre 8.
Martirologio Romano: En Génova, de la provincia de Liguria, san Hugo, religioso, que, después de haber luchado largo tiempo en Tierra Santa, fue designado para regir la Encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén en esta ciudad, y se distinguió por su bondad y su caridad hacia los pobres (c. 1233).
Etimología: Hugo = aquel de inteligencia clara, viene del germano
Nacido alrededor de 1186 en Alessandria (Italia), se convirtió en un caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén. Después de largas campañas en Tierra Santa, fue elegido Maestro de la Encomienda de San Juan en Génova (Italia) y trabajó en la enfermería más cercana. Fue famoso por poderes milagrosos sobre los elementos naturales. Se cree que murió en 1233.
Fue el Comandante en Génova y su hospital alcanzó mucha fama durante su administración. Eso no le impidió ser un religioso ejemplar, logrando “el ejercicio de la religión hacia Dios y sus vecinos”. Es bien sabido cuánto sacrificio y devoción puede contener esta frase.
De acuerdo a un retrato escrito en sus tiemmpos sabemos que San Hugo era delgado, con un rostro ascético, y pequeño en estatura.
Él era bastante gentil y amable con todos. Su mortificación no resultaba una malestia para los demás. Dormía en un tablero, en un rincón del sótano del Hospital; sirvió a los pobres con amor y tacto, dándoles comida, dinero, consuelo espiritual y amor fraternal. Él lavaba los pies a los pascientes, cuidaba de ellos, y cuando ellos morían, él los enterraba. La cruz de ocho puntas, (símbolo de su orden), no sólo estaba en su capa, él la llevaba en su corazón. Tan grande era su celo que él se ciñó con un cinturón metálico que usaba dentro de sus vestiduras, hacía ayunos continuamente durante todo el año y durante la Cuaresma no comía nada cocinado.
Todos los días recitaba el oficio y oía Misa con tal fervor que muchas veces cayó en éxtasis y se elevaba del suelo a la vista de todos. Su oración era, evidentemente, continua, y Dios le recompensó por ello con un don de poder realizar milagros.
Estos milagros fueron presenciados por el arzobispo de Génova, Otto Fusco, así como por cuatro venerable canónigos que frecuentaban la casa del santo y atestiguaron sobre lo que vieron.
Se cuenta, por ejemplo, que en uno de esos días sofocantes en Italia, de aquellos en que se siente que el calor lo aplasta, algunas mujeres se encontraban en la sala común de la enfermería lavando la ropa de los enfermos; el suministro de agua falló y no llegaba líquido a la fuente del monasterio, la única solución era recorrer una gran distancia para acarrear el agua necesaria. Ellas comenzaron a quejarse a viva voz, por lo que San Hugo pudo oírlas y acudió para ver que era lo que pasaba. Cuando llegó le pidieron que les diera agua, y ante su negativa ellas rompieron en llanto exclamando: “¿Acaso usted no es capaz de conseguir cualquier cosa de Dios?”, “debemos orar” fue su respuesta, “¡todo debemos hacerlo nosotras!”, “no soy el Señor, Él dijo que la fe obra milagros, ¿tienen fe ustedes?”, ellas lloraban diciendo que estaban agotadas por el trabajo y el calor. Él no estaba muy convencido pero en un gesto de caridad, oró al Creador, y luego hizo la señal de la cruz y las aguas brotaron de las rocas de la fuente ante las exclamaciones de sorpresa de las empleadas.
Por su fe, capaz de mover montañas, su vigilante e incansable caridad, así como por sus otras virtudes diarias, especialmente su gentileza y cortesía, es para nosotros un ejemplo vigorizante, y tal vez imitándolo podamos compartir la gloria eterna.

Bruno, Santo


Fundador de los Cartujos, 6 Octubre
Autor: EWTN | Fuente: EWTN

San BrunoFundador de los CartujosOctubre 6



Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura metálica" (Brunne, en alemán es coraza).

Este santo se hizo famoso por haber fundado la comunidad religiosa más austera y penitente, los monjes cartujos, que viven en perpetuo silencio y jamás comen carne ni toman bebidas alcohólicas.

Nació en Colonia, Alemania, en el año 1030. Desde joven demostró poseer grandes cualidades intelectuales, y especialísimas aptitudes para dirigir espiritualmente a los demás. Ya a los 27 años era director espiritual de muchísimas personas importantes. Uno de sus dirigidos fue el futuro Papa Urbano II.

Ordenado sacerdote fue profesor de teología durante 18 años en Reims, y Canciller del Sr. Arzobispo, pero al morir éste, un hombre indigno, llamado Manasés, se hizo elegir arzobispo de esa ciudad, y ante sus comportamientos tan inmorales, Bruno lo acusó ante una reunión de obispos, y el Sumo Pontífice destituyó a Manasés. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a nuestro santo, pero él no lo quiso aceptar, porque se creía indigno de tan alto cargo. El destituido en venganza, le hizo quitar a Bruno todos sus bienes y quemar varias de sus posesiones.

Dicen que por aquel tiempo oyó Bruno una narración que le impresionó muchísimo. Le contaron que un hombre que tenía fama de ser buena persona (pero que en la vida privada no era nada santo) cuando le estaban celebrando su funeral, habló tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". Y decían que las gentes se habían asustado muchísimo y habían huido de él y que el cadáver había sido arrojado al fondo de un río caudaloso. Estas narraciones y otros pensamientos muy profundos que bullían en su mente, llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, en un sitio bien alejado de todos.

Teniendo todavía abundantes riquezas y gozando de la amistad de altos personajes y de una gran estimación entre la gente, y pudiendo, si aceptaba, ser nombrado Arzobispo de Reims, Bruno renunció a todo esto y se fue de monje al monasterio de San Roberto en Molesmes. Pero luego sintió que aunque allí se observaban reglamentos muy estrictos, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartamiento completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. Iba a hacer una nueva fundación.

San Hugo, obispo de Grenoble, vio en un sueño que siete estrellas lo conducían a él hacia un bosque apartado y que allá construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Cartuja, y los nuevos religiosos recibieron el nombre de Cartujos.

San Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es quizás el más severo que ha existido para una comunidad. Silencio perpetuo. Levantarse a media noche a rezar por más de una hora. A las 5:30 de la mañana ir otra vez a rezar a la capilla por otra hora, todo en coro. Lo mismo a mediodía y al atardecer.

Nunca comer carne ni tomar licores. Recibir visitas solamente una vez por año. Dedicarse por varias horas al día al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados con el mundo… Es un reglamento propio para hombres que quieren hacer gran penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.

San Hugo llegó a admirar tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual, y cada vez que podía se iba al convento de la Cartuja a pasar unos días en silencio y oración y pedirle consejos al santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el día en que se encontró con Bruno la primera vez, sintió hacia él una veneración tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando tenía problemas muy graves que resolver. Y aun se cuenta que una vez a Rogerio le tenían preparada una trampa para matarlo, y en sueños se le apareció San Bruno a decirle que tuviera mucho cuidado, y así logró librarse de aquel peligro.

Por aquel tiempo había sido nombrado Papa Urbano II, el cual de joven había sido discípulo de Bruno, y al recordar su santidad y su gran sabiduría y su don de consejo, lo mandó ir hacia Roma a que le sirviera de consejero. Esta obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para irse a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeció inmediatamente. Es difícil calcular la tristeza tan grande que sus monjes sintieron al verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompañarlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

Los últimos años del santo los pasó entre misiones que le confiaba el Sumo Pontífice, y largas temporadas en el convento dedicado a la contemplación y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande.

Murió el 6 e octubre del año 1101 dejando en la tierra como recuerdo una fundación religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a él, el ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.







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"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

Oración

Oración por los Sacerdotes


"Señor Jesús, Pastor Supremo del rebaño,
te rogamos que por el inmenso amor y misericordia
de Tu Sagrado Corazón,
atiendas todas las necesidades de tus sacerdotes.
Te pedimos que retomes en Tu Corazón
todos aquellos sacerdotes que se han alejado de tu camino,
que enciendas de nuevo el deseo de santidad
en los corazones de aquellos sacerdotes
que han caído en la tibieza,
y que continúes otorgando a tus sacerdotes fervientes
el deseo de una mayor santidad.
Unidos a tu Corazón y el Corazón de María,
te pedimos que envíes esta petición a Tu Padre celestial
en la unidad del Espíritu Santo. Amén."