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31 de diciembre de 2009

piccoli fratelli e sorelle della via

piccoli fratelli e sorelle della via 

(hermanos y hermanas de la calle)



¡Paz y Bien queridos hermanos y hermanas en Cristo,
bienvenidos a nuestro sitio!

Somos una joven comunidad religiosa de frailes y de hermanas que con alegría en simplicidad y pobreza se esfuerzan de proclamar la buena nueva del Evangelio con las palabras y el ejemplo de vida evangélica, viajando de total Providencia en todo el mundo «sin pan, sin bolsa, sin dinero» (cf. Lc 9,3)... 

La comunidad, inspirada por el buen Dios y comenzó por tres hermanos y una hermana, tiene tanto una rama masculina y una rama femenina (que actúan juntos, pero que residen en clausuras propias y separadas).
Los Pequeños Hermanos y Hermanas del Camino se han formado en 2009 bajo la dirección paternal del Obispo de Lamezia Su Excelencia Mons. Luigi A. Cantafora, de la que recibió la aprobación de Derecho diocesano el 4 de octubre 2009.

¿Por qué este nombre particular, Pequeños Hermanos y Hermanas del Camino ?


La inspiración fue del nuestro Obispo Luigi A. Cantafora. Es más mientras pensaban en el nombre para dar a nuestra joven comunidad, su Excelencia Cantafora, pensando en volver a los primeros cristianos, que hemos mencionado Hechos 9, 1-2, donde así está escrito:
La Parola
«Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén» (At 9, 1-2; cfr At 19, 9.23).

Sí, hombres y mujeres que pertenecen a esto Camino, cuando aquí por camino se entiende la conducta y la doctrina de la comunidad de los creyentes, que asume - sobre el uso del Antiguo Testamento - un nuevo valor de conformidad a Cristo. De hecho, también la forma de vida de losPequeños Hermanos y Hermanas de Camino se inspira en la identidad del Señor Jesús, que se proclamó «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6) y a la itinerancia del hombre "en el camino" hacia las realidades del cielo.
Y entonces también dado el nuestro carisma especial de trabajar con "Evangelio en las manos" para las calles del mundo, el nuestro esfuerzo movido por la gracia, debe ser cada vez más conformes a esto camino de nombre Jesús, para tener éxito en el nombre del Señor a desviar más y más personas da las carreteras y los "caminos" equivocados.
En conclusión lo recuerda S. Agustín: “¿Quieres saber por dónde has de ir? Oye que el Señor dice primero: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde, te dijo por dónde: Yo soy el camino. ¿Y a dónde lleva el camino? A la verdad y a la vida. Primero dijo por dónde tenías que ir, y luego a donde. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Permaneciendo junto al Padre, es la verdad y la vida; al vestirse de carne, se hace camino” (San Agustín, obispo, Oficio de Lectura, Cuarto Domingo de Cuaresma).





Haga clic en las líneas de abajo para ver lo que hacemos en breve:



- Oramos …

- … trabajamos …

- … y el Evangelio predicamos!


31 de Diciembre - San Silvestre - Papa - Año 335

Alabado y bendecido sea el Señor Dios en todos sus santos. Amén. En la eternidad, las condecoraciones no serán para los que tuvieron una vida sin problemas, sino para quienes supieron luchar contra las dificultades (San Francisco de Sales).






Este Pontífice se ha hecho famoso porque le correspondió gobernar a la Iglesia Católica en la época en la que se acabaron las persecuciones y el emperador Constantino decretó plena libertad para practicar en todas partes la religión de Jesucristo.
A San Silvestre le regaló Constantino el palacio de Letrán en Roma, y desde entonces estuvo allí la residencia de los Pontífices.

También tuvo este Pontífice la suerte de poder construir (con ayuda del gobierno y de los fieles) la antigua Basílica de San Pedro en el Vaticano, y la primera Basílica de Letrán.

Durante su Pontificado se reunió el Concilio de Nicea (año 325), en el cual los obispos de todo el mundo declararon que quien no crea que Jesucristo es Dios, no puede pertenecer a nuestra santa religión, y compusieron el Credo que rezamos los católicos.

Dicen que a San Silvestre le correspondió el honor de bautizar a Constantino, el primer emperador que se hizo cristiano (todos los anteriores habían sido paganos).

El Pontificado de San Silvestre duró 20 años y transcurrió todo en medio de gran tranquilidad y completa libertad para la Iglesia.

Murió el 31 de diciembre del año 335, a edad muy avanzada.






30 de diciembre de 2009

30 de Diciembre - Santa Judit - Heroína - Israelita

Gloria a Dios para siempre. Amén.






Judit es una palabra israelita que significa: "alabado sea Dios".




Esta es una heroína famosa que expuso valientemente su vida con tal de obtener la libertad para su patria, Israel, y la libertad para su santa religión.

Uno de los libros más emocionantes de la S. Biblia es el de Judit. Allí se narra lo siguiente.

El general Holofernes, enviado por el rey Nabucodonosor rodeó la ciudad israelita de Betulia con un ejército de 120,000 hombres. Toda la gente de Israel se dedicó a orar a Dios con gran fervor. Los sacerdotes ofrecían sacrificios en el templo de Jerusalén. El pueblo sabía muy bien que sólo un favor especial de Dios podía librarlos de aquel gran peligro.

Holofernes preguntó a sus consejeros qué debía hacer para poder apoderarse de la nación de Israel. Y Ajior, jefe de los amonitas le dijo: "Este pueblo de Israel es muy favorecido por Dios. Cuando se dedican a comportarse mal los abandona y los deja en poder del enemigo; pero cuando cumplen bien sus santos mandamientos, Dios hace prodigios para defenderlos. Así que yo aconsejo: averigüese bien, pues si se están portando mal o han olvidado a Dios, los podemos atacar y los derrotaremos. Pero si están observando buena conducta y obedecen a Dios, no los ataquemos, porque Dios luchará por ellos y nos derrotará a nosotros". A Holofernes y a sus seguidores no les agradó nada esto que dijo Ajior y lo desterraron de allí.

Holofernes se propuso sitiar a Betulia y vencer a sus gentes por hambre y sed. Tapo todos los caminos y cortó las fuentes de agua que la abastecían. Después de 33 días de asedio en Betulia se acabó totalmente el agua, y las gentes caían desmayadas de hambre y de sed. El pueblo se reunió junto a su sacerdote y a sus jefes y les pidieron que se rindieran ante los ejércitos de Holofernes para no perecer de hambre y de sed. El sacerdote Ozías les dijo: "Esperen cinco días y en ese plazo decidiremos qué debemos hacer".

Entonces se presentó ante Ozías y los jefes una mujer llamada Judit. Se había quedado viuda hacía tres años y medio y estaba dedicada a orar, y a ayudar a los necesitados y hacía muchos sacrificios. Era muy hermosa y simpática y nadie podía criticar nada contra ella, porque su vida era la de una persona que tiene mucho temor de ofender a Dios.

Judit les dijo: -"Dios nos está probando pero no nos ha abandonado. Yo voy a hacer en estos días algo cuyo recuerdo se prolongará por muchos siglos. Esta noche saldré de la ciudad y luego Dios hará por mi mano algo que ahora no les puedo contar". Luego se postró ante Dios y le rogó que bendijera su plan y la ayudara. El sacerdote y los demás jefes le dijeron: "Vete en paz y que el Señor te proteja y te guíe".

Judit se adornó con sus mejores joyas y se puso sus más hermosos vestidos y acompañada de su criada salió de Betulia y se dirigió hacia el campo de los enemigos. Estaba hermosísima.

Un grupo de centinelas la vio y le preguntó a dónde iba. Ella les dijo que estaba huyendo de Betulia y quería entrevistarse con el general Holofernes. Ellos la llevaron hacia el cuartel del jefe. Cuando Holofernes y sus generales la vieron se quedaron admirados de su gran hermosura.

Judit le pidió a Holofernes que le permitiera quedarse unos días allí en el campamento y que diera órdenes a sus guardias para que la dejaran salir cada madrugada a un campo vecino a orar a Dios. El general aceptó su petición y ordenó que le ofrecieran los mejores alimentos, pero ella dijo que su criada había llevado provisiones para varios días y que esto les bastaba. Le fue señalada una habitación.

Holofernes se enamoró de la belleza extraordinaria de Judit y organizó un gran banquete en su honor; e invitó a sus mejores generales. Judit llegó al banquete adornada con sus mejores joyas y supremamente hermosa. El general encantado ante su presencia bebió esa noche más que nunca, y cuando los generales lo vieron totalmente borracho lo dejaron allí solo, frente a Judit que estaba a la mesa cenando también.


Cuando Judit vio que todos se habían ido y que ella había quedado completamente sola frente a Holofernes que estaba totalmente borracho y dormido a causa de su borrachera, pidió fortaleza a Dios y tomando la espada del general le cortó la cabeza y la echó entre un costal, y la pasó a su criada. Y como los guardias tenían orden de dejarla salir al campo durante la noche a rezar, la dejaron pasar sin decirle nada. Nadie sospechaba lo que había sucedido. Ella había preferido entre dos males el menor. Un mal era que moriría todo el pueblo de Israel a manos de los soldados de Holofernes, el otro era que muriera Holofernes, pero que el pueblo se salvara. Y Judit escogió este segundo medio.

Judit llegó a Betulia y anunció a Ozías y a los demás jefes lo que había hecho y los mostró la cabeza de Holofernes. La gente se llenó de entusiasmo y empezó a gritar de alegría.

Al amanecer los ayudantes de Holofernes fueron a su habitación y lo encontraron muerto. Y esta noticia causó una alarma tan espantosa que sus soldados se lanzaron a la dispersión, huyendo cada uno por su lado y dejaron libre la ciudad de Betulia y no la destruyeron, y en cambio le dejaron en sus alrededores grandes riquezas que no tuvieron tiempo de llevarse al salir huyendo.

El Sumo Sacerdote de Jerusalén y el senado de la nación fueron hacia Betulia a felicitar a Judit y le dijeron: "Tú eres la gloria de Jerusalén, el orgullo de Israel. Bendita seas por el Señor Omnipotente por todos los siglos". Y el pueblo respondió: "Amén".

Y Judit entonó un canto de acción de gracias a Dios diciendo: "Alabad a mi Dios con instrumentos musicales. Elevad al Señor cantos de acción de gracias. Porque el Señor es el único que es capaz de evitar las guerras. Bendito sea por siempre. Amén".

Judit vivió en Betulia hasta la edad de cien años. Nunca quiso volverse a casar, y era estimadísima por toda la población. Las riquezas que su marido le había dejado las repartió entre los que lo necesitaban, y después de haber libertado tan valientemente a su pueblo, adquirió un nombre famoso para siempre aquí en la tierra y un puesto en el cielo por sus buenas obras y su gran virtud.






29 de diciembre de 2009

29 de Diciembre - Santo Tomás Becket - Arzobispo - Mártir - Año 1170

Quiera Dios que también los jefes actuales de la Santa Iglesia Católica en todos los sitios del mundo, prefieran perder bienes, dignidades y hasta la propia vida, con tal de permanecer fieles a nuestra santísima religión hasta la muerte.


Este mártir que entregó su vida por defender los derechos de la religión católica, nació en Londres en 1118.

Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Después tuvo que trabajar como empleado de un comerciante, al cual acompañaba los días de descanso a hacer largas correrías dedicados a la cacería. Desde entonces adquirió su gran afición por los viajes aunque fueran por caminos muy difíciles.

Un día persiguiendo una presa de cacería, corrió con tan gran imprudencia que cayó a un canal que llevaba el agua para mover un molino. La corriente lo arrastró y ya iba a morir triturado por las ruedas, cuando, sin saber cómo ni por qué, el molino se detuvo instantáneamente. El joven consideró aquello como un aviso para tomar la vida más en serio.

A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) el cual se dio cuenta de que este joven tenía cualidades excepcionales para el trabajo, y le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia, y así Tomás llegó a ser el personaje más importante, después del arzobispo, en aquella iglesia de Londres. Monseñor afirmaba que no se arrepentía de haber depositado en él toda su confianza, porque en todas las responsabilidades que se le encomendaban se esmeraba por desempeñarlas lo mejor posible.

Dicen los que lo conocieron que Santo Tomás Becket era delgado de cuerpo, semblante pálido, cabello oscuro, nariz larga y facciones muy varoniles. Su carácter alegre lo hacía atractivo y agradable en su conversación. Sumamente franco, trataba de decir siempre la verdad y de no andar fingiendo lo que no sentía, pero siempre con el mayor respeto. Sabía expresar sus ideas de manera tan clara, que a la gente le gustaba oírle explicar los asuntos de religión porque se le entendía todo fácilmente y bien.

Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y este en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Tomás puso todas sus cualidades al servicio de tan alto cargo, y llegó a ser el hombre de confianza del rey. Este no hacía nada importante sin consultarle. Su presencia en el gobierno contribuyó a que dictaran leyes muy favorables para el pueblo. Acompañaba a Enrique II en todas sus correrías por el país y por el exterior (pues Inglaterra tenía amplias posesiones en Francia) y procuraba que en todas partes quedara muy en alto el nombre de su gobierno. Y no tenía miedo en corregir también al monarca cuando veía que se estaba extralimitando en sus funciones. Pero siempre de la manera más amigable posible.

En el 1161 murió el Arzobispo Teobaldo, y entonces al rey le pareció que el mejor candidato para ser arzobispo de Inglaterra era Tomás Becket. Este le advirtió que no era digno de tan sublime cargo. Que su genio era violento y fuerte, y que tomaba demasiado en serio sus responsabilidades y que por eso podía tener muchos problemas con el gobierno civil si lo nombraban jefe del gobierno eclesiástico. Pero su confesor decía: "En su vida privada es intachable, y sabe mantener una gran dignidad aún en ocasiones peligrosas y en tentaciones de toda especie". Y un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó.

Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo así: "Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo". Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sí sucedió.

Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Les decía: "Muchos ojos ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo, les agradeceré de todo corazón si me lo advierten".

Desde que fue nombrado arzobispo (por el Papa Alejandro III) la vida de Tomás cambió por completo. Se levantaba muy al amanecer. Luego dedicaba una hora a la oración y a la lectura de la S. Biblia. Después del desayuno estudiaba otra hora con un doctor en teología, para estar al día en conocimientos religiosos. Cada día repartía el personalmente las limosnas a muchísimos pobres que llegaban al Palacio Arzobispal. Muy pronto ya los pobres que allí recibían ayuda, eran el doble de los que antes iban a pedir limosna.

Cada día tenía algunos invitados a su mesa, pero durante las comidas, en vez de música escuchaba la lectura de algún libro religioso. Casi todos los días visitaba algunos enfermos del hospital. Examinaba rigurosamente la conducta y la preparación de los que deseaban ser sacerdotes, y a los que no estaban bien preparados o no habían hecho los estudios correspondientes no los dejaba ordenarse de sacerdotes, aunque llegaran con recomendaciones del mismo rey.

Tomás había dicho al rey cuando este le propuso el arzobispado: "Ya verá que los envidiosos tratarán de poner enemistades entre nosotros dos. Además el poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo". Esto se fue cumpliendo todo exactamente.

El rey se propuso ponerles enormes impuestos a los bienes de la Iglesia Católica. El arzobispo se opuso totalmente a ello, y desde entonces el cariño de Enrique hacía su antiguo canciller Tomás, se apagó casi por completo. Luego pretendió el rey imponer un fuerte castigo a un sacerdote. El arzobispo se opuso, diciendo que al sacerdote lo juzga su superior eclesiástico y no el poder civil. La rabia del mandatario se encendió furiosamente. Enrique redactó una ley en la cual la Iglesia quedaba casi totalmente sujeta al gobierno civil. El arzobispo exclamó: "No permita Dios que yo vaya jamás a aprobar o a firmar semejante ley". Y no la aceptó. ¡Nueva rabia del rey! Enseguida este se propuso que en adelante sería el gobierno civil quien nombrara para ciertos cargos eclesiásticos. Tomás se le opuso terminantemente. Resultado: tuvo que salir del país.

Tomás se fue a Francia a entrevistarse con el Papa Alejandro III y pedirle que lo reemplazara por otro en este cargo tan difícil. "Santo Padre le digo yo soy un pobre hombre orgulloso. Yo no fui nunca digno de este oficio. Por favor: nombre a otro, y yo terminaré mis días dedicado a la oración en un convento". Y se fue a estarse 40 días rezando y meditando en una casa de religiosos.

Pero el Pontífice intervino y obtuvo que entre Enrique y Tomás hicieran las paces. Y así volvió a Inglaterra. Sin embargo, el problema peor estaba por llegar.

Después de seis años de destierro y cuando ya le habían sido confiscados por el rey todos sus bienes y los de sus familiares, el arzobispo Tomás regresó a Inglaterra el 1º de diciembre con el título de "Delegado del Sumo Pontífice". El trayecto desde que desembarcó hasta que llegó a su catedral de Canterbury fue una marcha triunfal. Las gentes aglomeradas a lo lago de la vía lo aclamaban. Las campanas de todas las iglesias repicaban alegremente y parecía que la hora de su triunfo ya había llegado. Pero era otra clase de triunfo distinta la que le esperaba en ese mes de diciembre. La del martirio.

Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a llevar cuentos y cuentos al rey contra el arzobispo. Y dicen que un día en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: "No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?".

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. Lo atacaron a cuchilladas. No opuso resistencia. Murió diciendo: "Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica". Tenía apenas 52 años.

Se llama apoteosis la glorificación y gran cantidad de honores que se rinden a una persona. La noticia del asesinato de un arzobispo recorrió velozmente Europa causando horror y espanto en todas partes. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contar el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido duró dos años haciendo penitencia y en el año 1172 fue reconciliado otra vez con su religión y desde entonces se entendió muy bien con las autoridades eclesiásticas. El mártir Tomás consiguió después de su muerte, esto que no había logrado obtener durante su vida.

Tres años después el Sumo Pontífice lo declaró santo, a causa de su martirio y por los muchos milagros que se obraban en su sepulcro.

Dos personajes con nombres de Tomás, ocuparon el cargo de Canciller en Inglaterra, junto con dos reyes de nombre Enrique. Y ambos fueron martirizados por defender a la santa Iglesia Católica. Santo Tomás Becket, martirizado por deseos de Enrique II y Santo Tomás Moro, martirizado por orden del impío rey Enrique VIII.






27 de diciembre de 2009

San Juan Apóstol en Patmos - Crónicas de Peregrinación a Grecia III


Vox Verbi N° 371
Año 14 (2007)
Crónicas de Peregrinación a Grecia III
R. P. Carlos M. Buela I.V.E.

III. San Juan Apóstol en Patmos
El miércoles 8 de agosto a medianoche nos embarcamos en Hermoupolis, capital de la isla de Syros y del Distrito de las Cíclades, rumbo a la isla de Patmos con el objetivo de peregrinar a la gruta en la cual San Juan Apóstol recibió la revelación que puso por escrito, por mandato divino, en el libro del Apocalipsis. Llegamos al puerto de Skala, en Patmos, a las 3,30 hs. Inmediatamente nos dirigimos hacia el Monasterio del Apocalipsis, que custodia la gruta, para pasar el resto de la noche delante de él y poder visitarlo a la mañana siguiente. Era la coronación de nuestra peregrinación.
 

1. La isla de Patmos
Patmos es una pequeña isla (34 km2) que pertenece al archipiélago llamado Dodecaneso (Doce islas), el más oriental de los archipiélagos griegos, que se extiende de norte a sur, en un cierto paralelo y a pocos kilómetros de la costa occidental de Turquía, en el Mar Egeo[1]. Tiene una población de 3.000 habitantes. Topográficamente es rocosa y montañosa, alcanzando los 800 m. sobre el nivel del mar en su punto más alto, el Mt. Elías. Tiene dos partes netamente distintas, unidas por un estrecho istmo, muy cerca de la principal población, el puerto de Skala.
Si bien Tucídides[2] y Estrabonio[3] ya la mencionan, Patmos debe su fama a la presencia de San Juan Evangelista, quien escribió el Apocalipsis estando allí desterrado bajo el emperador Domiciano (Ap 1,9). Tanto Plinio el Viejo[4]como Tácito[5] afirman que en tiempos de la dominación romana las Espórades, especialmente tres de ellas, eran usadas para la deportación de prisioneros y disidentes.

2. San Juan condenado al destierro en Patmos
Es unánime la tradición, con abundantes testimonios escritos, que afirma que San Juan vivió en Asia Menor durante las últimas décadas del siglo I, y que desde Éfeso, donde tenía su residencia, guiaba a las Iglesias de toda la región[6]. Fue allí donde escribió su evangelio, según refiere San Ireneo de Lyon, quien era discípulo de San Policarpo -y éste a su vez lo había sido del mismo San Juan[7]. Es también unánime la tradición que refiere que el Apóstol murió en Éfeso, de muerte natural, siendo de edad muy avanzada, bajo el reinado del emperador Trajano (98-117 d.C.)[8], probablemente en el 104 d.C.
El apóstol predilecto del Señor no estuvo, sin embargo, exento del martirio. Jesús le había anunciado que bebería de su cáliz, y así fue (Mt 20,22-23; Mc 10,38-39). De hecho su permanencia en Éfeso fue interrumpida durante la persecución de Domiciano (81-96 d.C.), quien había desatado una cruel persecución contra toda religión monoteísta, de manera especial contra los cristianos[9]. San Juan fue tomado prisionero en Éfeso, donde gozaba de gran prestigio y autoridad, y fue llevado a Roma para ser ejecutado de manera ejemplar. A la vista del venerable anciano el emperador se mostró insensible y lo condenó a ser arrojado vivo en aceite hirviendo. Conforme a la práctica judiciaria de entonces el Apóstol sufrió primero el suplicio de la flagelación, y luego fue introducido en la enorme vasca donde bullía el aceite. Pero ante la admiración de verdugos y populacho el aceite no lo quemaba, y continuaba ileso en la caldera. Este episodio sucedió alrededor del año 91 y la tradición lo coloca en las inmediaciones de la Puerta Latina, en los actuales Muros Aurelianos de Roma[10]. Domiciano consideró este prodigio como una especie de magia, y no animándose a intentar otra suerte de ejecución, desterró a San Juan a la isla de Patmos[11].
San Juan fue conducido a Patmos junto con otro discípulo, Prócoro, uno de los diáconos de la Iglesia de Jerusalén (cf. He 6,5), que le servía de amanuense[12]. Su destierro duró hasta que el emperador fue asesinado y todos sus decretos revocados por su sucesor, Nerva, en el año 96. Terminado el exilio regresó a Éfeso, donde moriría años más tarde. San Ireneo refiere que el Apóstol estuvo desterrado en la isla durante 5 años[13].

3. San Juan en Patmos
Se han conservado muchas tradiciones sobre el viaje y el destierro de San Juan en Patmos. Se conserva incluso la memoria de los lugares donde sucedieron varios episodios, y por gracia de Dios pudimos visitarlos.
Cuando San Juan era conducido al destierro se desató una fuerte tormenta en el Mar Egeo. Las olas se abatían contra el barco, y una de grandes dimensiones dio en la cubierta y arrastró a un joven al mar, ante la desesperación de su padre. San Juan levanto sus ojos y rezó. Luego alzó su mano, encadenada, y trazó la señal de la cruz. Inmediatamente el mar se calmó y pudieron rescatar al muchacho. Todos estaban asombrados y agradecidos al Apóstol, quien entonces les anunció el evangelio. Cuando el barco llegó a Patmos San Juan fue librado de sus cadenas por el gobernador romano, Laurentius, en atención al milagro. Al mismo tiempo el suegro de Laurentius, Myron, quiso que se alojase en su casa, la cual se convirtió al poco tiempo en la primera iglesia de la isla. San Juan exorcizó al hijo de Myron, que estaba poseído por el demonio, y esto hizo que toda la familia, incluido el gobernador, abrazasen la fe. Se conserva el lugar de la fuente donde San Juan bautizó a todos ellos, junto a la actual capilla de San Juan el Teólogo, en Skala.
Cuando los sacerdotes del templo de Apolo supieron que los líderes de la ciudad se habían convertido a una nueva fe, llamaron a un mago de nombre Kynops, que tenía embaucada a toda la población con sus prodigios, para que desacreditase al Apóstol. Delante de una gran multitud de isleños Kynops desafió al Apóstol haciendo una demostración de sus poderes. Al final, saltó en el mar, intentando reaparecer desde él, como rebotando, como había hecho repetidas veces. En ese momento San Juan rezó pidiendo que Kynops no saliese del mar, y el mar se abrió y lo engulló. Los habitantes de Patmos todavía hoy recuerdan el hecho, y dicen que una roca que está sumergida en la bahía de Skala, a poca profundidad de la superficie del mar, es Kynops petrificado. Incluso hay sobre esta roca un poste, que emerge con un pequeño faro para los barcos, al cual los isleños llaman Kynops. Y los pescadores dicen que los pulpos –se come mucho allí- que han tocado la roca no sirven para comer, porque la maldad de Kynops les ha quitado el gusto. Se conserva también la memoria del lugar donde este mago vivía, en Ghenoupas, al sur de la isla.


Después de este episodio los habitantes de Patmos quedaron desconcertados. Estuvieron en la playa dos días esperando que Kynops, que los tenía engatusados, reapareciese. Pero finalmente decidieron convertirse al cristianismo y buscaron a San Juan, que se encontraba en Sykamia, pocas millas al sur de la actual Chora, en el camino hacia Grikos. En este lugar San Juan confortó a los isleños y los bautizó. Fue el lugar donde celebramos la Santa Misa, en medio de unos árboles que rodean una pequeña capilla ortodoxa que recuerda el hecho.
Una tradición local dice que sabiendo los isleños que San Juan estaba por abandonar la isla para regresar a Éfeso, afligidos por su partida, le pidieron que les dejase por escrito lo que les había enseñado durante esos años. Y él, retirándose con Prócoro a una cueva, escribió el evangelio. Esta tradición no concuerda con lo que trasmite San Ireneo, quien afirma que lo escribió en Éfeso. Pero es digna de ser mencionada. Lo que es absolutamente cierto, porque lo dice el mismo San Juan, es que allí escribió el Apocalipsis (Ap 1,9).

4. La Gruta y el Monasterio del Apocalipsis
 
La gruta donde San Juan se retiraba a rezar y en la que escribió el Apocalipsis está a escasos kilómetros de Skala, en el medio de un monte, sobre el camino que sube a Chora. La gruta está custodiada por el Monasterio del Apocalipsis. En 1090 el monje Christodoulos[14], originario de Asia Menor, recibió por concesión del emperador Alejo I Comneno la entera isla de Patmos para fundar un monasterio, y fundó el actual Monasterio de San Juan el Teólogo, al que nos referiremos más adelante. Pero además construyó la iglesia de San Ana para custodiar la gruta del Apocalipsis. Sucesivamente surgió el Monasterio. La actual construcción es del siglo XVIII. En las adyacencias está la llamada Escuela de Patmos, fundada en 1713 por Makarios Kalogeras, que gozó de excelente reputación, hasta el punto que por ella Patmos era considerada como “la universidad del archipiélago”. Actualmente, y después de la reconstrucción obrada después de la Segunda Guerra Mundial, la escuela incluye un Seminario Teológico[15].


El corazón del monasterio es la gruta, por ser un lugar santo. Allí Nuestro Señor se apareció a San Juan un día domingo para revelarle las visiones del Apocalipsis, mandándole escribir lo que veía: Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación y en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba en la isla llamada Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.  Caí en éxtasis en el día del Señor y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,  que decía: 'Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias […]”. Me volví para ver la voz que hablaba conmigo. Y habiéndome vuelto, vi siete candeleros de oro,  y en medio de los candeleros vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una vestidura que le llegaba hasta los pies y tenía el pecho ceñido con un cinto de oro.  Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos eran como llama de fuego. Sus pies eran semejantes al bronce bruñido acrisolado en un horno. Su voz era como el estruendo de muchas aguas.  Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Su rostro era como el sol cuando resplandece con toda su fuerza.  Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y puso sobre mí su mano derecha y me dijo: 'No temas. Yo soy el primero y el último,  el que vive. Estuve muerto, y he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.  Así que, escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas (Ap 1,9-19).
La gruta es amplia, aunque no muy grande. Contiene muchos íconos bizantinos, dado que ha sido transformada en iglesia. La tradición ha conservado dentro de ella, además, el recuerdo del lugar donde San Juan apoyaba la cabeza para dormir; del lugar donde solía rezar; de la roca sobre la cual Procoro habría escrito lo que San Juan le dictaba. Hay también una cruz cavada en la roca atribuida al mismo Apóstol. Sobre el lugar donde San Juan dormía la roca superior muestra una hendidura que la divide en tres partes, y que se produjo cuando Nuestro Señor dijo “Yo soy el alfa y la omega, Aquel que es, que era y que viene, el Todopoderoso” (Ap 1,8).
Pudimos peregrinar a la gruta dos veces: a la mañana temprano, apenas el monasterio abrió sus puertas para los visitantes, y por la tarde, antes de embarcarnos de regreso. Pudimos rezar con calma, y venerar el lugar. Quedamos sobrecogidos y muy edificados. ¡Cuántos misterios llenos de consolación para nosotros fueron revelados allí! La visiones del triunfo del Cordero y de sus elegidos (Ap 4,1-5,14; 7,9-17); la visión de la Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas, Madre del Hijo que ha de regir todas las naciones, acechada por el dragón, que no prevalece y es derrotado por San Miguel (Ap 12); la visiones de los que acompañan al Cordero y de los que han vencido (Ap 14,1-13; 15,1-4); el castigo de Babilonia y de los impíos (Ap 16-18); los cánticos triunfales en el Cielo (Ap 19,1-10); los combates decisivos, la derrota definitiva de Satanás y el juicio a las naciones (Ap 19,11-20,15); la visión de la Jerusalén celestial y de las bodas del Cordero (Ap 21-22). Tuvimos tiempo, en la tarde, para leer buena parte del Apocalipsis en las inmediaciones del monasterio.

5. El Monasterio de San Juan el Teólogo
 
En la cima de la misma colina en la que está la gruta del Apocalipsis se encuentra el pueblito de Chora (800 habitantes). Entre sus blancas casitas descuellan los impresionantes muros del Monasterio de San Juan el Teólogo, que se yergue en la parte más alta, como una acrópolis.

El Monasterio fue fundado por Christodoulos en 1080, y hoy en día es habitado por monjes cenobitas. Después del Monte Atos constituye el más importante centro cultural de la Iglesia Ortodoxa Griega y probablemente del Mediterráneo Oriental. Su patrimonio religioso, artístico y cultural es notable[16].


Fue construido como si fuera una fortaleza, especialmente por las amenazas de los turcos. Sus macizos muros almenados, de forma poligonal, miden 15 m de altura, y se extienden por 70 m de este a oeste, y por 53 m de norte a sur. La entrada principal se encuentra en el muro norte, flanqueada por dos torres rectangulares que están unidas por un muro en el fondo. Encima del dintel, en un arco semicircular, preside el icono de San Juan el Divino como guardián del monasterio. En frente de este ingreso se encuentra la capilla de los Santos Apóstoles construida en el 1603. En el interior hay construcciones en diversos niveles, en los que se alternan patios, galerías y puentes y corredores, que reflejan que la construcción del monasterio se ha hecho en diversas etapas y según la topografía del lugar lo permitía. Las celdas y el resto de los espacios vitales se encuentran ubicados en torno a la iglesia principal, alrededor de la cual gira toda la vida del monasterio.
La iglesia principal, construida sobre una más antigua edificada a su vez sobre el templo de Artemisa, fue terminada alrededor de 1090. Tiene forma de cruz griega. El exterior, en la parte de la fachada, está afrescado con escenas de los hechos de San Juan en Patmos. Al ingresar se encuentra el icono de San Juan con el Cuarto Evangelio, del s. XI, de incalculable belleza y valor. El actual iconostasio, de 1820, es de madera tallada y está iluminado con lámparas de plata y preciosas candelas[17].
En el lado este de la Iglesia se encuentra el antiguo tesoro, que contiene una de las colecciones más grandes de reliquias de todo el Oriente cristiano, incluyendo parte del cráneo del apóstol Santo Tomás. Se conserva allí la bula, sobre lámina de oro, por la cual el emperador Alejo I Comneno concede la isla de Patmos a Christodoulos para dedicarla al culto de San Juan. En el sector sur de la galería interna se encuentran las venerables reliquias del fundador del Monasterio, colocadas en un sarcófago de oro y plata, y que son meta de numerosas peregrinaciones. En el lado sur de la iglesia, se encuentra la capilla de María Santísima “Panagia”, la Toda Santadel siglo XII. Detrás de la iglesia se encuentra el antiguo refectorio, también del 1090.
 El monasterio cuenta con una biblioteca y un tesoro de incalculable valor. La biblioteca es famosa, y fue fundada por el mismo Cristodulos, quien trajo consigo una numerosa colección de manuscritos. Posteriormente ha sido enriquecida a lo largo de los siglos, y posee unos 13.000 documentos, de los cuales 900 son manuscritos antiguos, varios de ellos con miniaturas, y más de 2.000 son antiguos libros impresos. El texto más valioso es un pergamino de 33 páginas que contiene parte del evangelio de San Marcos que se remonta a los inicios del siglo VI[18]. La biblioteca hace que el Monasterio sea uno de los más importantes centros de estudios bizantinos. Se conservan además miles de documentos que testimonian la vida del Monasterio durante sus más de 900 años de historia, como una carta de Pedro el Grande, la bula de fundación del monasterio, numerosos decretos del Emperador de Constantinopla referidos al Monasterio, el testamento de Cristodoulos, documentos en griego, latín, turco, rumano, etc[19].
 Además el monasterio posee uno de los más grandes tesoros bizantinos del mundo, con su colección de iconos, cálices, cruces, turíbulos, custodias, ornamentos, etc. Hay objetos preciosos de variada procedencia: Rusia, Moldavia, Bohemia, el Monte Athos, Italia, etc. Muchos de los manuscritos de la biblioteca y de los objetos del tesoro pueden apreciarse en el museo.
Estábamos muy sorprendidos de todo lo que veíamos. ¿Qué es lo que hizo que en una remota y desértica isla en los confines del Mar Egeo hubiese tanta riqueza cultural? Sin lugar a dudas la presencia de un Apóstol, San Juan, el discípulo amado por el Señor, el que gozó de su intimidad como ningún otro y reclinó la cabeza sobre su pecho, el que recibió en la cruz a María Santísima, representándonos a todos, el que escribió el cuarto evangelio, sus tres cartas, el Apocalipsis, el que nos transmitió el sermón del Pan de vida y el mandamiento nuevo de la caridad.
Cuenta San Jerónimo que, siendo San Juan muy anciano y estando próximo a la muerte, repetía continuamente a sus discípulos: “Hijitos míos, amaos los unos a los otros” (cf. 1 Jn 3,18). Uno de ellos se animó a preguntarle por qué les insistía tanto. Y él le contestó: “Porque es el mandamiento del Señor, y si lo cumplís, habéis hecho todo”[20].

[1] En realidad el archipiélago está constituido por unas 50 entre islas e islotes. Pero las principales son 12: Rodas, Kos, Pátmos, Leros, Kálimnos, Níssiros, Tílos, Sími, Hálki, Astipálea, Kárpathos y Kassos. Se debe agregar a esta lista Kastelórizzo, situada más al sureste, cerca de la costa meridional de Turquía, porque administrativamente está unida al Dodecaneso. El archipiélago es también llamado Espórades Meridionales.
[2] La Guerra del Peloponeso, 3,33.
[3] Geografía, 10,5.
[4] Historia naturalis, 4, 69-70.
[5] Annales, 4,30.
[6] Cf. San Justino, Diálogo con Tryphon, 81,4; San Ireneo, Adversus haereses, II,22.3.5; III,1-3; Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III,18,1; 23,3-4; 39,3-4). También lo sostienen Clemente de Alejandría, Apollonio, Policrates y el apócrifo Hechos de Juan (s. II). Entre los Latinos lo sostiene Tertuliano (De Anima, 50); cf. R. Collins, “John, Disciple”, en The Anchor Bible Dictionary, vol. III (New York 1992) 885.
[7] Adversus haereses, III,1,1.
[8] San Ireneo, Adv. Haer., II,22,5.
[9] Domiciano se había proclamado dominus et deus, y defendía la religión nacional contra los cultos orientales, haciendo guardar con rigor las tradiciones romanas. Expulsó a los filósofos dos veces. A partir del año 93 un régimen de terror pesó sobre Roma. Tácito y Juvenal aseguran que inundó de sangre la ciudad, inmolando a sus más ilustres habitantes.
[10] Refiere este episodio Tertuliano, De praescript., XXXVI. Junto a la Puerta Latina se conserva un templete, cuya última refacción es de Bernini, que conmemora el martirio de San Juan. A pocos metros se alza la basílica de San Giovanni in Olio (o ante Portam Latinam), consagrada por el Papa Adriano en 780. Incluso antes se celebraba en Roma litúrgicamente el martirio de San Juan el 6 de mayo.
[11] Eusebio de Cesarea, Hist. Eccl., III,13,1.
[12] Existe un apócrifo del s. IV que recoge varias tradiciones sobre San Juan, y que es atribuido pseudoepigráficamente a Prócoro: Viajes y milagros de San Juan el Teólogo, Apóstol y Evangelista. San Procoro fue obispo de Nicomedia y la Iglesia Ortodoxa Griega celebra su fiesta el 28 de junio. La Iglesia Católica la celebra el 28 de julio, junto con los otros diáconos de Jerusalén.
[13] Sobre las distintas tradiciones relativas a la duración del exilio del Apóstol cf. Otto Meinardus, St. John of Patmos and the Seven Churches of the Apocalypse (Atenas 52001) 10.
[14] La Iglesia Ortodoxa Griega lo tiene por santo y celebra su fiesta dos veces al año: el 16 de marzo por su muerte, y el 21 de octubre por el traslado de sus reliquias a Patmos, dado que murió en Eubea, habiéndose refugiado allí con sus monjes por la amenaza otomana.
[15] Cf. Otto Meinardus, St. John of Patmos…, 15-16.
[16] Cf. A. D. Kominis, Patmos. Treasures of the Monastery (Atenas 2005) 11-14.
[17] Cf. M. Toubis Publications, Patmos.  The Holy Island of the Aegean (Koropi, Attike 2007) 54-69.
[18] Se trata del Códex N022 (Patmos 67), citado en las ediciones críticas del Nuevo Testamento.  Las restantes partes del Códex están en Leningrado, Viena, Londres, Atenas y el Vaticano. En el Monasterio de San Juan de Patmos se conservan además, los Códices 171 (del s. VIII, contiene el libro de Job); 1175 (x. XI); 2080; 2464 (s. IX); etc.
[19] Cf. A. D. Kominis, Patmos..., 327-345; Otto Meinardus, St. John of Patmos…, 18-19.
[20] Comm. In Ep. ad Galatas, VI,10.

26 de diciembre de 2009

26 de Diciembre - San Esteban - Protomártir - Siglo I

Dichoso tú Esteban: que por proclamar tu amor a Cristo en la tierra te fuiste a acompañarlo a Él en el cielo. Haz que seamos muchos, muchísimos los que con nuestras palabras y buenas obras nos declaremos amigos y seguidores de Jesús en esta vida y seamos sus compañeros en el gozo eterno del Paraíso. Amén.






Esteban significa: "coronado" (Esteb: corona).

Este santo se llama "protomártir", porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.


Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles. La S. Biblia, en los Hechos de los Apóstoles narra que cuando en Jerusalén hubo una protesta de las viudas y pobres que no eran israelitas porque en la distribución de las ayudas se les daba más preferencia a los que eran de Israel que a los pobres que eran del extranjero, los 12 apóstoles dijeron: "A nosotros no nos queda bien dejar nuestra labor de predicar por dedicarnos a repartir ayudas materiales". Y pidieron a los creyentes que eligieran por voto popular a siete hombres de muy buena conducta y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encargaran de la repartición de las ayudas a los pobres. Y entre los siete elegidos, resultó aclamado Esteban (junto con Nicanor, Felipe y otros). Fueron presentados a los apóstoles los cuales oraron por ellos y les impusieron las manos, quedando así ordenados de diáconos (palabra que significa "ayudante", "servidor". Diácono es el grado inmediatamente inferior al sacerdote).

Los judíos provenientes de otros países, al llegar a Jerusalén empezaron a discutir con Esteban que les hablaba muy bien de Jesucristo, y no podían resistir a su sabiduría y al Espíritu Santo que hablaba por medio de él. Siempre les ganaba las discusiones. Lo llevaron ante el Tribunal Supremo de la nación llamado Sanedrín, para acusarlo con falsos testigos, diciendo que él afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés. Y los del tribunal al observarlo vieron que su rostro brillaba como el de un ángel.

Esteban pronunció entre el Sanedrín un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Está en el Capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles) y les fue echando en cara a los judíos que ellos siempre se habían opuesto a los profetas y enviados de Dios, terminando por matar al más santo de todos, Jesucristo el Salvador. Al oír esto, ellos empezaron a rechinar de rabia. Pero Esteban lleno del Espíritu Santo miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la derecha de Dios y exclamó: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie a la derecha de Dios". Entonces ellos llenos de rabia se taparon los oídos y se lanzaron contra él.

Lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Y de rodillas dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, murió. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban y la comunidad hizo gran duelo por él.









25 de diciembre de 2009

25 de Diciembre - El Nacimiento del Hijo de Dios - Navidad

« Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy, desde el cielo, ha descendido la paz para nosotros. »







La Iglesia en su misión de ir por todo el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad. En este tiempo los cristianos, por medio del Adviento, se preparan para recibir a Cristo,"luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la Semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la Pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo Hombre y habitó entre nosotros.










Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos su camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.

La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Esta sección busca apoyar esta tarea de la Iglesia ofreciendo una serie de breves artículos en los que se muestra la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.











24 de diciembre de 2009

24 de Diciembre - "Oración para rezar en familia rodeando el Pesebre Nochebuena"

Queremos poner en sus manos esta oración para ser rezada en familia, en la Nochebuena o el día de Navidad.






Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (ver Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (ver Lc 2, 8-20). La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche:


La Virgen da hoy a luz al Eterno.
Y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban,
y los magos avanzan con la estrella.
Porque Tú has nacido para nosotros,
Niño pequeño, ¡Dios eterno!
Sólo hoy será Navidad si en ti y en tu familia nace de maría el
Señor Jesús.

INICIO DE LA ORACIÓN

Todos santiguándose dicen:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El padre de familia, al comenzar la celebración, dice:

Alabemos y demos gracias al Señor,
que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

Luego el padre de familia dispone a los presentes para la bendición, con las siguientes palabras:



El Señor Jesús ha nacido de Santa María. El pesebre que adorna nuestro hogar nos recuerda el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar entre nosotros. Aquello que ocurrió hace dos mil un años, lo revivimos esta noche santa (día santo) en el misterio. El Señor Jesús es el mismo, ayer, hoy y siempre. Que esta Navidad fortalezca nuestros pasos en el tercer milenio cristiano.
Uno de los miembros de la familia lee el siguiente texto de la Sagrada Escritura:

LECTURA

Lc. 2, 4-7a: María dio a luz a su hijo primogénito.

Escuchemos, ahora, hermanos, la palabra del Santo Evangelio según San Lucas:

En aquellos días, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

Palabra del Señor

Todos responden:

Gloria a Ti, Señor Jesús.

Después de la lectura se canta "NOCHE DE PAZ", mientras el menor de la familia coloca al Niño en el Pesebre.

NOCHE DE PAZ

Noche de paz, noche de amor:
llena el cielo un resplandor;

en la altura resuena un cantar:

"os anuncio una dicha sin par,

en la tierra ha nacido Dios,

hay en Belén de Judá".

Noche de paz, noche de amor:

todo duerme en derredor;

sólo velan mirando la faz

de su niño en angélica paz,

José y María en Belén (2 veces)

Noche de Dios, noche de paz:

esplendor inmortal,

luz eterna en la noche brilló:

es la gloria del Hijo de Dios.

Duerme el Niño Jesús. (2 veces)

PETICIONES

Otros dos miembros de la familia dirigen las peticiones:

En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración al Señor Jesús, Hijo de Dios vivo y de Santa María, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle:

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.

Señor Jesús, Palabra Eterna, que al venir al mundo, anunciaste la alegría a la tierra, alegra nuestros corazones con la alegría de tu visita.

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.

Reconciliador del mundo, que con tu nacimiento nos has revelado la fidelidad de Dios-Padre a sus promesas, haz que nosotros seamos también fieles a las promesas de nuestro bautismo.

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.

Rey del cielo y de la tierra, que por tus ángeles anunciaste la paz a los hombres, conserva en tus paz nuestras vidas y que haya paz en nuestro país y en todo el mundo.

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.

Hijo de Santa María, que quisiste serte Hijo de Mujer, concédenos descubrir que María es también nuestra Madre y ayúdanos a amarla con la ternura filial de tu corazón.

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.

Dios-con-nosotros, que quisiste nacer en el seno de una familia, bendice nuestro hogar para que en el siempre reine el amor de manera especial acuérdate de las familias que en estas fiestas de navidad viven en soledad y dolor y haz que sientan el consuelo de saberse hijos de la gran familia de Dios.

POR TU NACIMIENTO, SEÑOR, PROTEGE A NUESTRA FAMILIA.
Se pueden añadir otras peticiones libres

Terminemos nuestras peticiones rezando la oración de los hijos de Dios: Padre Nuestro.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el padre de familia dice:

Señor Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos entregaste a tu Hijo único
nacido de María la Virgen,
dígnate bendecir este nacimiento
y a la familia cristiana 
que está aquí presente,
para que las imágenes de este Belén
nos ayuden a profundizar en la fe.

Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Concluida la bendición del pesebre toda la familia reza junta la siguiente oración:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio pasó a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

El padre de familia dice:

Que con el auxilio de tan dulce intercesora.

Todos responden:

Seamos siempre fieles en el terreno caminar.

Todos santiguándose dicen:

En el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Podemos ofrecerle al Señor Jesús una respuesta de fe concreta, en esta navidad y Nuevo Año.

Especialmente podemos proponernos expresarle nuestro amor en algo práctico y efectivo, en relación as nuestros hermanos más pobres, a través de alguna obra de caridad.



BENDICIÓN DE LA CENA DE NOCHEBUENA

En el centro de la mesa se colocará una vela apagada.

Toda la familia, de pie, se reúne alrededor de la mesa. Santiguándose dicen:

El Padre, el hijo y el Espíritu Santo, sean glorificados en todo tiempo y lugar por al Inmaculada Virgen maría. Que Así sea. Amén

La madre de familia dice:

Hoy nos encontramos reunidos celebrando el nacimiento del Señor Jesús de la

Virgen María. Dios, en muestra de su inmenso amor, envió a su hijo para que la comunión perdida por el pecado fuera restablecida. Él nos reúne esta noche y, unidos de la misma forma que la familia de Nazaret, nos muestra que nuestra espera no ha sido en vano.

Uno de los hijos lee:

"Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo y Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace"." (Lc. 2, 8-14)

Y todos responden:

Gloria a Ti, Señor Jesús, que hoy has nacido de la Virgen María.

Mientras uno de los hijos enciende el cirio colocado en medio de la mesa, todos entonan el siguiente canto:

CAMPANAS

Campana sobre campana

y sobre campana una,

asómate a la ventana

verás al niño en la cuna.

BELÉN, CAMPANAS DE BELÉN

QUE LOS ÁNGELES TOCAN,

¿QUÉ NUEVAS ME TRAÉIS? (2 veces)

Recogido tu rebaño,

¿adónde vas, pastorcito?

voy a llevar al portal

mi canción y mi cariño.

Campana sobre campana

y sobre campana dos,

asómate a la ventana,

porque está naciendo Dios.

Para finalizar; el padre de familia reza la siguiente oración de bendición:

Oremos.

Dios Padre,
que nos enviaste a tu Hijo muy amado,
derrama tu bendición sobre estos alimentos
y también sobre los miembros de este hogar,
para que así, como ahora acogemos,
gozosos, a tu Hijo Reconciliador,
lo recibamos también confiados
cuando vengas al fin de los 
tiempos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos responden:

Amén.

En el nombre del Padre, del hijo y del espíritu Santo. Amén.






23 de diciembre de 2009

23 de Diciembre - San Juan Cancio - Año 1473

La limosna borra multitud de pecados (S. Biblia).






Se llama así porque nació en la ciudad de Dant, en Polonia.



Cuando era estudiante los compañeros le decían que el ayunar y dejar de comer carne era dañoso para la salud, y les respondía que los antiguos monjes nunca comían carne y ayunaban muchas veces y llegaban hasta los ochenta años llenos de salud física y mental.




Un día estando almorzando vio pasar por frente a la puerta a un mendigo muy hambriento. Salió y le regaló su almuerzo. Sintió entonces una alegría tan grande al recordar que quien atiende al pobre, atiende a Cristo, que después cuando sea profesor de la universidad, todos los días le dará un almuerzo a un pobre. Cuando alguien le decía: "Ya viene el pobre", él añadía: "Ya viene Jesucristo", porque recordaba lo que dijo Jesús: "Yo les diré: tuve hambre y me dieron de comer. Porque todo favor que han hecho a cualquiera de estos mis humildes hermanos, yo lo recibo como si me lo hubieran hecho a Mí en persona" (Mt. 25, 40).

Siendo joven sacerdote lo nombraron profesor de la universidad. Pero otros sintieron envidia contra él por este cargo, e hicieron que lo nombraran como párroco de un pueblo lejano. Allá se hizo querer tanto, que el día que lo trasladaron otra vez hacia la capital, centenares de feligreses lo acompañaron por varios kilómetros, dando grandes demostraciones de tristeza. Él se despidió de ellos con estas palabras: "La tristeza no es provechosa. Si algún bien les he hecho en estos años canten un himno de acción de gracias a Dios, pero vivan siempre alegres y contentos, que así lo quiere Dios".

Nuevamente lo nombraron profesor de la Universidad de Cracovia (que es la segunda ciudad de Polonia) y durante muchos años dio allí la clase de Sagrada Escritura o explicación de la Santa Biblia. Su fama llegó a ser sumamente grande.

Los ratos libres los dedicaba a visitar pobres y enfermos. Lo que ganaba estaba a disposición de los pobres de la ciudad, que muchas veces lo dejaron en la ruina.

En las discusiones repetía lo que decía San Agustín: "Combatimos el pecado pero amamos al pecador. Atacamos el error, pero no queremos violencia contra nadie, la violencia siempre hace daño, en cambio la paciencia y la bondad abren las puertas de los corazones".

Cuando predicaba acerca del pecado lloraba al recordar la ingratitud de los pecadores hacia Dios, y la gente al verlo llorar se conmovía y cambiaba de conducta.

A sus alumnos les repetía estos consejos: "Cuídense de ofender, que después es difícil hacer olvidar la ofensa. Eviten murmurar, porque después resulta muy difícil devolver la fama que se ha quitado".

Sus alumnos y sus beneficiados recordaron con gratitud su nombre por muchos años. Fueron centenares los sacerdotes formados espiritualmente por él. La gente lo llamaba: "el padre de los pobres".

Sintiendo que llegaba la muerte y siendo ya muy anciano, dejó todas las demás actividades y se dedicó únicamente a prepararse bien antes de morir. Y el 24 de diciembre de 1473, rodeado por sus muy amados profesores de la universidad, después de recibir los santos sacramentos, murió santamente.

En su sepulcro se obraron tantos milagros y por su intercesión se consiguieron tan admirables favores, que el Sumo Pontífice lo declaró santo.

También en las universidades se producen santos. Como ejemplo San Cancio, el cual ruegue siempre a Dios por todos los alumnos y profesores de todas las universidades del mundo.


22 de diciembre de 2009

22 de Diciembre - Santa Clotilde - Reina y viuda - Año 545

Dios sea bendito por las mujeres santas que le ha dado y le dará siempre a nuestra santa Iglesia Católica.


Clotilde quiere decir: "la que lucha victoriosamente" (tild: luchar. Clot: victoria).

Esta santa reina tuvo el inmenso honor de conseguir la conversión al catolicismo del fundador de la nación francesa, el rey Clodoveo.

La vida de nuestra santa la escribió San Gregorio de Tours, hacia el año 550.

Era hija del rey de Borgoña, Chilberico, que fue asesinado por un usurpador el cual encerró a Clotilde en un castillo. Allí se dedicó a largas horas de oración y a repartir entre los pobres todas las ayudas que lograba conseguir. La gente la estimaba por su bondad y generosidad.

Clodoveo el rey de los francos supo que Clotilde estaba prisionera en el castillo y envió a uno de sus secretarios para que disfrazado de mendigo hiciera fila con los que iban a pedir limosnas, y le propusiera a Clotilde que aceptara el matrimonio secreto entre ella y Clodoveo. Aunque este rey no era católico, ella aceptó, con el fin de poderlo convertir al catolicismo, y recibió la argolla de matrimonio que le enviaba Clodoveo, y ella por su parte le envió su propia argolla.

Entonces el rey Clodoveo anunció al usurpador que él había contraído matrimonio con Clotilde y que debía dejarla llevar a Francia. El otro tuvo que aceptar.

Las fiestas de la celebración solemne del matrimonio entre Clodoveo y Clotilde fueron muy brillantes. Un año después nació su primer hijo y Clotilde obtuvo de su esposo que le permitiera bautizarlo en la religión católica. Pero poco después el niñito se murió y el rey creyó que ello se debía a que él no lo había dejado en su religión pagana, y se resistía a convertirse. Ella sin embargo seguía ganando la buena voluntad de su esposo con su amabilidad y su exquisita bondad, y rezando sin cesar por su conversión.

Los alemanes atacaron a Clodoveo y este en la terrible batalla de Tolbiac, exclamó: "Dios de mi esposa Clotilde, si me concedes la victoria, te ofrezco que me convertiré a tu religión". Y de manera inesperada su ejército derrotó a los enemigos.

Entonces Clodoveo se hizo instruir por el obispo San Remigio y en la Navidad del año 496 se hizo bautizar solemnemente con todos los jefes de su gobierno. Fue un día grande y glorioso para la Iglesia Católica y de enorme alegría para Clotilde que veía realizados sus sueños de tantos años. Desde entonces la nación francesa ha profesado la religión católica.

En el año 511 murió Clodoveo y durante 36 años estará viuda Clotilde luchando por tratar de que sus hijos se comporten de la mejor manera posible. Sin embargo la ambición del poder los llevó a hacerse la guerra unos contra otros y dos de ellos y varios nietos de la santa murieron a espada en aquellas guerras civiles por la sucesión.

San Gregorio de Tours dice que la reina Clotilde era admirada por todos a causa de su gran generosidad en repartir limosnas, y por la pureza de su vida y sus largas y fervorosas oraciones, y que la gente decía que más parecía una religiosa que una reina. Y después de la muerte de su esposo sí que en verdad ya vivió como una verdadera religiosa, pues desilusionada por tantas guerras entre los sucesores de su esposo, se retiró a Tours y allí pasó el resto de su vida dedicada a la oración y a las buenas obras, especialmente a socorrer a pobres y a consolar enfermos y afligidos.

Sus dos hijos Clotario y Chidelberto se declararon la guerra, y ya estaban los dos ejércitos listos para la batalla, cuando Clotilde se dedicó a rezar fervorosamente por la paz entre ellos. Y pasó toda una noche en oración pidiendo por la reconciliación de los dos hermanos. Y sucedió que estalló entonces una tormenta tan espantosa que los dos ejércitos tuvieron que alejarse antes de recibir la orden de ataque. Los dos combatientes hicieron las paces y fueron a donde su santa madre a prometerle que se tratarían como buenos hermanos y no como enemigos.

A los 30 días de este suceso, murió plácidamente la santa reina y sus dos hijos Clotario y Chidelberto llevaron su féretro hasta la tumba del rey Clodoveo. Así terminaba su estadía en la tierra la que consiguió de Dios que el jefe y fundador de una gran nación se pasara a la religión católica, con todos sus colaboradores.