Hoy celebramos el Segundo Domingo de Cuaresma: “Éste es mi Hijo muy amado; escúchenlo”
Hoy, 1 de marzo, la Iglesia Católica celebra el II Domingo de Cuaresma. La lectura del Evangelio de hoy está tomada de Mateo capítulo 7, versículos del 1 al 9 (Mt 17, 1-9). El relato corresponde al episodio de la Transfiguración del Señor.
Jesús se hace acompañar por Pedro, Santiago y Juan rumbo a un monte alto, donde su rostro y sus vestiduras se vuelven resplandecientes. De pronto aparecen Moisés y Elías hablando con él. Pedro, embargado por la emoción, propone construir tres chozas para quedarse, pero en ese instante una nube luminosa los cubre y se oye una voz del cielo que dice: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”. Los discípulos, asustados, caen al suelo, y Jesús los calma diciéndoles que no teman. Cuando se incorporan, la visión ha desaparecido y solo queda Jesús, quien les pide guardar silencio sobre los sucedido hasta que resucite.
El Papa León XIV en su Mensaje para la Cuaresma subraya la importancia de la escucha: “Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”. Escuchemos a Jesús y establezcamos una relación personal con él durante la Cuaresma. Así, seremos capaces de estar atentos a la realidad: “Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él”. Sí, porque Dios es un Dios que también escucha, que está atento a la voz de sus hijos.
A continuación presentamos la lectura del Evangelio correspondiente al II Domingo de Cuaresma (Ciclo A).
Evangelio del día: Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.
FUENTES : AciPrensa

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